JAÉN — La crisis energética y el encarecimiento de los combustibles añaden una nueva presión a la cadena del aceite de oliva, desde las labores agrícolas hasta el transporte y la exportación. El impacto de la geopolítica sobre el sector ha centrado este jueves una jornada organizada en Jaén, principal territorio productor de aceite de oliva de España.
El encuentro, impulsado por la Fundación del Olivar, reúne a especialistas para analizar cómo los conflictos internacionales, las tensiones comerciales y los cambios en los mercados energéticos terminan trasladándose a una actividad especialmente expuesta a los costes de producción y distribución.
El combustible interviene en diferentes fases de la cadena. La maquinaria agrícola necesita gasóleo para buena parte de las labores en el campo, mientras que la recogida y el traslado de la aceituna hacia las almazaras dependen también del transporte por carretera. Una vez elaborado, el aceite debe llegar a plantas de envasado, plataformas logísticas, puertos y mercados nacionales e internacionales.
Del campo al supermercado
Un aumento persistente del diésel puede elevar así el coste logístico de cada fase. A ello se suma la energía utilizada por almazaras, cooperativas y empresas de envasado y el coste de materiales cuya fabricación y distribución también dependen de los precios energéticos.
La incidencia final sobre el consumidor, sin embargo, no es automática ni proporcional. El precio del aceite de oliva depende también de factores específicos del mercado, especialmente la producción de cada campaña, las existencias disponibles, la demanda y las condiciones meteorológicas en las principales regiones productoras.
La jornada de Jaén aborda precisamente esa combinación de variables. El objetivo es analizar de qué manera un producto agrícola profundamente vinculado al territorio queda al mismo tiempo expuesto a decisiones y crisis que se producen a miles de kilómetros de los olivares.
La exportación amplifica el riesgo
La dimensión internacional del aceite español aumenta esa exposición. España es el principal productor mundial y una parte relevante de su producción se comercializa fuera del país, por lo que el transporte terrestre y marítimo, los tipos de cambio, las barreras comerciales y la evolución del consumo exterior influyen directamente en las empresas del sector.
En un escenario de combustibles caros, los operadores pueden afrontar mayores costes para trasladar el aceite desde las zonas productoras hasta los centros de consumo y exportación. La presión es especialmente sensible para las empresas con márgenes estrechos o contratos cerrados antes de una subida rápida de la energía.
El debate abierto en Jaén muestra así que la crisis del combustible no determina por sí sola el precio de una botella de aceite de oliva, pero sí puede encarecer la cadena que permite producirla y colocarla en el mercado. En un sector globalizado, la energía se convierte de nuevo en una variable que agricultores, cooperativas, industria y exportadores deben incorporar a sus costes.

