PARÍS — Francia conocerá este viernes su primera estimación de inflación de julio con una referencia inmediata al otro lado de los Pirineos: el 3,5 % registrado en España. La comparación permitirá medir hasta qué punto el nuevo encarecimiento de la energía y los carburantes está afectando de forma distinta a los hogares y las empresas de ambos países.
España vuelve a acelerar
El indicador adelantado del INE situó la inflación española tres décimas por encima de junio. La tasa subyacente, que excluye los componentes más volátiles, alcanzó el 3,0 %, mientras el índice armonizado europeo se elevó al 3,8 %. El movimiento rompe la moderación observada en meses anteriores y devuelve el coste energético al centro del debate económico.
En Francia, el último dato definitivo disponible dejó el IPC de junio en el 1,8 % interanual y el índice armonizado en el 2,0 %. La energía seguía aumentando con fuerza en un año, aunque su ritmo se había reducido, mientras los servicios y la alimentación mostraban avances más contenidos.
Una brecha con efectos concretos
El dato francés de julio deberá precisar la evolución de energía, alimentación, bienes manufacturados y servicios. También permitirá comprobar si el contraste con España se mantiene en el índice armonizado, la medida utilizada para comparar los países de la Unión Europea.
La diferencia no es únicamente estadística. Una inflación más alta reduce la capacidad de compra de los hogares si los salarios no avanzan al mismo ritmo, eleva los costes de transporte y puede comprimir los márgenes de las pequeñas empresas. En la Eurorregión, el efecto se observa de manera directa entre Occitania y Cataluña, con estructuras de consumo y precios energéticos diferentes.
La estimación del Insee se publicará a las 8.45 horas. Hasta entonces, cualquier cifra francesa para julio sería prematura. El resultado deberá leerse además junto a la inflación de la zona euro, esperada unas horas más tarde, para distinguir una divergencia nacional de un movimiento europeo más amplio.

