MADRID — Europa no puede repetir con la inteligencia artificial el retraso acumulado durante la primera revolución digital. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha advertido este miércoles de que el continente necesita reducir la fragmentación de sus mercados y permitir que sus empresas alcancen una mayor dimensión si quiere competir en una transformación tecnológica dominada hasta ahora por Estados Unidos y China.
Durante una intervención en un acto del Foro Económico Mundial, Lagarde ha situado la IA dentro de un cambio más amplio del modelo económico europeo. El crecimiento de las últimas décadas se apoyó en la globalización, una energía relativamente barata y un orden internacional basado en reglas. Ese entorno, considera la presidenta del BCE, se está erosionando y difícilmente volverá a funcionar de la misma manera.
Europa conserva, sin embargo, activos importantes: un mercado de unos 450 millones de consumidores, una mano de obra altamente cualificada, capacidades industriales avanzadas y una extensa red de acuerdos comerciales. El problema, según Lagarde, es transformar esas ventajas en crecimiento, innovación y productividad.
El tamaño de las empresas, en el centro del problema
La presidenta del BCE identifica dos obstáculos principales. El primero es la fragmentación del Mercado Único, donde numerosas compañías continúan operando fundamentalmente dentro de sus fronteras nacionales. El segundo se encuentra en los mercados de capitales, todavía insuficientemente integrados para financiar con facilidad el crecimiento de empresas tecnológicas europeas.
Ambos problemas se retroalimentan. Si una empresa encuentra dificultades para expandirse por los 27 Estados miembros y tampoco dispone de un mercado financiero europeo suficientemente profundo para financiar esa expansión, disminuyen sus posibilidades de alcanzar una dimensión mundial. Algunas compañías innovadoras pueden acabar buscando capital y crecimiento fuera de la UE.
Lagarde ya había advertido en febrero de que Estados Unidos lideraba la carrera de la IA, seguido de cerca por China, mientras Europa permanecía rezagada. Entonces apuntó también a las enormes necesidades de inversión, energía, datos y talento que exige esta tecnología y a la necesidad de disponer de escala para rentabilizarlas.
La IA avanza, pero su adopción sigue siendo desigual
Los últimos datos del propio BCE muestran que la transformación ya ha comenzado. Un estudio publicado el 28 de julio, basado en unas 6.000 empresas de doce países de la zona euro, concluye que aproximadamente el 70% utiliza la inteligencia artificial en algún grado. Sin embargo, solo un 7% considera que su adopción es significativa. También existen importantes diferencias entre países y empresas.
El BCE considera además que la IA puede generar importantes mejoras de productividad. Lagarde señaló en febrero que, por ahora, la institución observa aumentos de productividad sin una ola generalizada de despidos vinculada a la automatización, aunque mantiene bajo vigilancia su impacto sobre el mercado laboral.
La advertencia lanzada este miércoles traslada así el debate europeo desde la simple adopción de la tecnología hacia la capacidad de convertirla en crecimiento económico. Para Lagarde, Europa dispone del mercado, el conocimiento y la base industrial necesarios. El desafío es eliminar las barreras que impiden que la inversión circule y que las empresas europeas crezcan con suficiente rapidez para competir en la segunda revolución digital.

