BARCELONA — El acercamiento entre Canadá y la Unión Europea empieza a tener una traducción económica más próxima para Catalunya. Mientras Bruselas y Ottawa profundizan su relación en comercio, defensa, tecnología y materias primas estratégicas, ACCIÓ ha llevado esta semana a Montreal una misión empresarial centrada en las oportunidades que ofrece el ecosistema canadiense de inteligencia artificial.
La misión, desarrollada del 14 al 17 de septiembre, se inscribe en las políticas de innovación e internacionalización de la agencia catalana. El objetivo no es únicamente observar uno de los polos mundiales de la IA, sino conectar empresas catalanas con un mercado que gana relevancia precisamente cuando Canadá busca estrechar su integración económica y tecnológica con Europa.
Montreal, puente tecnológico hacia Norteamérica
Canadá dispone de un ecosistema consolidado de investigación y empresas vinculadas a la inteligencia artificial, con Montreal como uno de sus principales centros. Para las compañías catalanas, la relación puede ofrecer acceso a socios tecnológicos, conocimiento, clientes e inversión en un momento en que la IA se incorpora de forma transversal a industria, salud, servicios, movilidad y software empresarial.
La misión de ACCIÓ adquiere además otra dimensión después de la intensa agenda política UE–Canadá de esta semana. Las dos partes están ampliando una relación construida durante años alrededor del CETA hacia ámbitos como defensa, minerales críticos, energía, cadenas de suministro y tecnologías avanzadas. La inteligencia artificial aparece así como uno de los terrenos en los que esa aproximación puede materializarse en cooperación empresarial.
De la geopolítica a la empresa
Para Catalunya, la oportunidad consiste en convertir esa nueva arquitectura transatlántica en proyectos concretos. La internacionalización de startups y compañías tecnológicas necesita mercados, financiación y alianzas, pero también entornos regulatorios compatibles y canales estables entre ecosistemas.
El interés por Canadá permite además diversificar la proyección internacional de las empresas catalanas en Norteamérica más allá de Estados Unidos. En un escenario de mayor fragmentación comercial y tecnológica, disponer de conexiones empresariales con un socio estrechamente vinculado tanto al mercado norteamericano como a la Unión Europea puede convertirse en una ventaja.
La misión de Montreal no supone por sí sola un salto en las inversiones entre ambos territorios. Sí señala, sin embargo, dónde puede comenzar la traducción económica del acercamiento político: empresas, talento, tecnología y proyectos compartidos. Después de Estrasburgo, la relación Canadá–Europa también se juega en los ecosistemas empresariales.

