BRUSELAS — Eurostat publicará este viernes la estimación rápida de la inflación de julio en la zona euro, un día después de que España comunicara una subida al 3,5 %. El dato permitirá determinar si el repunte español forma parte de una nueva presión europea o responde principalmente a factores nacionales.
La energía vuelve al centro
En España, los carburantes y la electricidad explicaron buena parte de la aceleración de tres décimas. La inflación subyacente aumentó hasta el 3,0 % y el índice armonizado alcanzó el 3,8 %, una referencia más elevada que el IPC nacional.
La zona euro cerró junio con una inflación definitiva del 2,8 %, frente al 3,2 % de mayo. La energía todavía registraba la mayor subida anual entre los grandes componentes, seguida de los servicios. Alimentos, alcohol y tabaco avanzaban con menor intensidad, mientras los bienes industriales no energéticos permanecían contenidos.
Una prueba para la lectura del BCE
Eurostat detallará la tasa general y la evolución de energía, servicios, alimentos y bienes. La inflación subyacente será decisiva para saber si las presiones se limitan a precios volátiles o se extienden al conjunto de la economía.
La publicación llega después de que el PIB de la zona euro creciera un 0,4 % en el segundo trimestre, por encima de las previsiones. España avanzó un 0,7 %, mientras Francia, Alemania e Italia se limitaron al 0,2 %. La combinación de una actividad resistente y unos precios todavía elevados puede reforzar la prudencia del Banco Central Europeo.
El resultado europeo no debe anticiparse antes de la publicación oficial del 31 de julio. Una tasa próxima a la española señalaría una presión común; una distancia amplia confirmaría que España soporta un episodio inflacionista más intenso. Para las empresas de la Eurorregión, la diferencia afectará a financiación, salarios, consumo y competitividad a ambos lados de la frontera.

