EU PULSE | Sánchez y Macron piden unidad: las guerras empujan a Europa a convertirse en potencia

BRUSELAS — Pedro Sánchez y Emmanuel Macron han utilizado la Asamblea General de Naciones Unidas para lanzar un mensaje convergente: frente a las guerras, la fragmentación internacional y el debilitamiento de las instituciones multilaterales, Europa debe mantenerse unida. Detrás de esa llamada aparece una cuestión mucho más estructural para la Unión Europea: si quiere defender el orden internacional que reivindica, necesita capacidad para actuar cuando Estados Unidos toma distancia o adopta una línea diferente.

Sánchez ha defendido el multilateralismo como respuesta a un mundo marcado por Ucrania, Gaza y la tensión en Oriente Medio. Macron ha situado también Ucrania, Oriente Medio y la inteligencia artificial en el centro de su intervención y ha insistido en que Europa no puede resignarse a una lógica internacional basada únicamente en las relaciones de fuerza.

La ONU revela una Europa obligada a elegir

La secuencia de Nueva York llega en un momento especialmente delicado. Reuters ha descrito durante los últimos meses una UE sometida simultáneamente a la presión de la guerra en Ucrania, la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea y las divisiones entre los Veintisiete sobre Gaza. Donald Trump ha vuelto además a cuestionar en Naciones Unidas el funcionamiento del sistema multilateral que los dirigentes europeos pretenden preservar.

La consecuencia es una paradoja: Europa reclama más cooperación internacional precisamente cuando necesita reforzar instrumentos propios de poder. La autonomía estratégica, concepto defendido desde hace años por Macron, deja de limitarse al debate sobre defensa. Incluye energía, industria, tecnología, comercio, fronteras y capacidad diplomática.

Ucrania convierte la unidad en una cuestión de seguridad

En Ucrania, la UE ya ha avanzado hacia un papel que habría sido difícil imaginar antes de 2022. Los Estados miembros financian armamento, aumentan presupuestos militares y construyen mecanismos industriales comunes. Pero siguen dependiendo de Estados Unidos en capacidades esenciales y mantienen diferencias sobre el ritmo, el coste y los límites del apoyo a Kiev.

Si Washington reduce su implicación, la llamada a la unidad europea tendría consecuencias presupuestarias directas. Más defensa europea significa más gasto nacional, más compras comunes, más producción industrial y una discusión todavía más difícil sobre cómo financiar esas necesidades sin sacrificar otras prioridades.

Gaza expone el límite de la política exterior común

Oriente Medio muestra el problema inverso. España y Francia han endurecido su discurso sobre Gaza y defienden una solución política basada en dos Estados, pero la UE continúa dividida sobre las medidas que debe adoptar frente a Israel. Las decisiones más sensibles de política exterior requieren una unidad que los Veintisiete no siempre alcanzan.

La distancia entre una voz europea fuerte y 27 diplomacias nacionales sigue siendo uno de los principales límites de la Unión. Sánchez y Macron pueden coincidir en Naciones Unidas sobre el objetivo de detener las guerras, pero convertir esa posición en sanciones, reconocimiento diplomático, ayuda militar o garantías de seguridad exige acuerdos mucho más complejos.

¿Una Europa más federal en política exterior?

La presión acumulada vuelve a alimentar un debate institucional conocido en Bruselas: reducir el recurso a la unanimidad en determinadas decisiones exteriores y de seguridad. El paso hacia votaciones por mayoría cualificada permitiría actuar con mayor rapidez, pero supondría también que algunos Estados pudieran quedar en minoría en asuntos considerados esenciales para su soberanía.

Ese debate será difícil de evitar si las crisis se multiplican. Ucrania obliga a Europa a reforzar su defensa; Gaza cuestiona su capacidad para hablar con una sola voz; la relación con Washington obliga a preparar escenarios de mayor autonomía. La unidad invocada en Nueva York no constituye todavía una política común. Pero las guerras están convirtiendo esa unidad en una cuestión de capacidad de acción.

Para la UE, la consecuencia más profunda podría ser esa: pasar de una Unión construida para preservar la paz dentro de Europa a una Unión que necesita aprender a proteger sus intereses y defender su modelo político en un entorno internacional de confrontación.

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Periodista y director editorial de OLA NEXT, con más de 15 años de experiencia en televisión y agencias de noticias. Ha desarrollado su trayectoria profesional entre España y Francia, trabajando para diferentes medios de comunicación. Especializado en actualidad, economía y asuntos europeos, dirige el desarrollo editorial de OLA NEXT.
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