BRUSELAS — El 1 de noviembre de 1993 entró en vigor el Tratado de Maastricht y quedó instituida la Unión Europea. Treinta y tres años después, aquella fecha continúa marcando el paso de una integración centrada en la economía a un proyecto con ciudadanía propia, nuevas competencias políticas y el compromiso de crear una moneda común.
El tratado se había firmado el 7 de febrero de 1992 en la ciudad neerlandesa de Maastricht. Su entrada en vigor llegó después de que los doce Estados miembros completaran sus respectivos procedimientos de ratificación durante 1992 y 1993. No fue, por tanto, una ratificación única realizada exactamente un año antes, sino un proceso nacional que culminó con la puesta en marcha del nuevo marco europeo.
De las comunidades europeas a una unión política
La construcción europea había comenzado décadas antes. El Tratado de Roma de 1957 creó la Comunidad Económica Europea, concebida para impulsar la integración económica entre sus miembros. Maastricht no eliminó ese legado: transformó la Comunidad Económica Europea en Comunidad Europea y la situó dentro de una nueva Unión organizada inicialmente en tres pilares.
Estos comprendían las Comunidades Europeas, la política exterior y de seguridad común y la cooperación en justicia y asuntos de interior. Era una arquitectura institucional compleja, pero expresaba una decisión política: ampliar la cooperación más allá del mercado común.
La ciudadanía europea, una novedad histórica
Una de las innovaciones más visibles fue la creación de la ciudadanía de la Unión, que complementa y no sustituye la nacionalidad de cada Estado miembro.
El tratado reconoció derechos vinculados a la circulación y residencia en otros países comunitarios, la participación en elecciones municipales y europeas en el Estado de residencia y determinadas formas de protección consular.
Para millones de europeos, estos derechos ayudaron a convertir la integración institucional en una realidad cotidiana. En espacios transfronterizos como Cataluña y los Pirineos Orientales, la movilidad laboral, los vínculos familiares y la actividad empresarial adquirieron una dimensión cada vez más europea.
El tratado que abrió el camino al euro
Maastricht fijó también el marco de la Unión Económica y Monetaria y los criterios de convergencia para los países participantes. El euro no comenzó a circular en 1993: se introdujo en 1999 para operaciones financieras y contables, y sus billetes y monedas llegaron el 1 de enero de 2002.
La moneda única modificó el comercio, las inversiones y los desplazamientos entre España, Francia y los demás países que la adoptaron. Al mismo tiempo, planteó cuestiones duraderas sobre la coordinación económica y presupuestaria entre Estados con realidades distintas.
Más competencias y un Parlamento reforzado
El tratado introdujo el procedimiento de codecisión en determinados ámbitos legislativos, reforzando el papel del Parlamento Europeo. También amplió la acción comunitaria en materias como educación, cultura, protección de los consumidores y salud pública.
El principio de subsidiariedad adquirió una posición central: la Unión debía actuar, en los ámbitos que no fueran de su competencia exclusiva, cuando los objetivos no pudieran alcanzarse suficientemente por los Estados miembros y pudieran lograrse mejor a escala europea.
Los posteriores tratados de Ámsterdam, Niza y Lisboa modificarían profundamente esta arquitectura, pero Maastricht estableció una parte esencial de sus fundamentos.
Treinta y tres años después, una Unión de 27 Estados
La Unión que nació con doce miembros en 1993 cuenta hoy con 27, tras varias ampliaciones y la salida del Reino Unido en 2020. Su agenda está marcada por la seguridad, la competitividad industrial, la autonomía económica, las fronteras exteriores y las relaciones internacionales.
La tensión entre la soberanía nacional y la acción común continúa siendo uno de sus grandes debates. También lo es la capacidad de traducir las decisiones de Bruselas en resultados concretos para los ciudadanos.
En la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, la herencia de Maastricht puede observarse en la cooperación territorial, los intercambios universitarios, la movilidad profesional y los proyectos que conectan regiones de distintos países.
El 1 de noviembre de 1993 no comenzó la historia de la integración europea. Pero sí nació formalmente una Unión que, treinta y tres años después, sigue definiendo cómo conviven y cooperan sus Estados y ciudadanos.

