El 29N abre un nuevo foco de incertidumbre en una Unión Europea ya bajo presión

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BRUSELAS — Las elecciones anticipadas del 29 de noviembre en España no paralizan a la Unión Europea, pero introducen un nuevo factor de incertidumbre en un momento especialmente delicado para el equilibrio político y económico del bloque. España es la cuarta economía de la zona euro y Pedro Sánchez se ha convertido en uno de los principales jefes de Gobierno socialdemócratas del Consejo Europeo. Su decisión de disolver las Cortes abre casi dos meses de campaña y, después de las urnas, un periodo de formación de Gobierno cuya duración todavía es imposible conocer.

El primer efecto es político. Sánchez ha sido uno de los interlocutores de referencia del grupo socialista europeo y una pieza relevante en los compromisos entre socialdemócratas y Partido Popular Europeo que sostienen buena parte del funcionamiento institucional de la UE. Euronews recoge este lunes la preocupación de responsables europeos por lo que un cambio de Gobierno en Madrid podría significar para ese equilibrio, especialmente dentro del Consejo y del Parlamento Europeo.

Pero conviene separar campaña e instituciones. Hasta el 29N, España mantiene plenamente su representación en el Consejo Europeo y en el Consejo de la UE. Las elecciones no suspenden su capacidad de negociar ni alteran la composición española de la Comisión o del Parlamento Europeo. El verdadero interrogante empieza después: una formación de Gobierno prolongada podría reducir el margen político de Madrid precisamente cuando Europa acumula decisiones estratégicas.

España entra en campaña mientras Europa busca estabilidad

La convocatoria llega además en un momento de tensión para la zona euro. El euro cayó este lunes a mínimos de 17 meses frente al dólar, principalmente por las dudas sobre la deuda y la situación política francesa. Reuters señala que la incertidumbre española se ha añadido a ese entorno, aunque el IBEX 35 terminó la sesión con una subida del 1,1%. El mercado, por tanto, no ha interpretado por ahora el 29N como una crisis financiera española.

La cuestión es más amplia. España destaca actualmente por un crecimiento superior al de buena parte de sus socios. Reuters Breakingviews sitúa su expansión anual alrededor del 2,5% y recuerda que el PIB ha aumentado aproximadamente un 15% desde finales de 2021. Una interrupción prolongada de la agenda económica española añadiría incertidumbre a una eurozona que ya combina bajo crecimiento, tensiones fiscales y costes energéticos elevados.

El equilibrio político de Bruselas también está en juego

Las consecuencias europeas dependerán sobre todo del resultado y de la rapidez con la que pueda constituirse un Ejecutivo. Sánchez representa uno de los principales gobiernos de centroizquierda entre los grandes Estados miembros. Un cambio de mayoría en España modificaría el peso relativo de las familias políticas dentro del Consejo Europeo y podría repercutir en los acuerdos entre el PPE y los socialdemócratas sobre defensa, migración, transición verde, política comercial o futuras renovaciones institucionales.

Ese impacto no debe confundirse con una desestabilización automática de la UE. Bruselas seguirá legislando y los Estados miembros mantendrán sus posiciones. Pero España perdería temporalmente parte de su capacidad de iniciativa si entra en una negociación postelectoral larga, porque un Gobierno en funciones puede representar al país pero dispone de menos capital político para construir compromisos de largo alcance.

La batalla por el BCE añade otra dimensión

El calendario también coincide con la preparación de la renovación de la cúpula del Banco Central Europeo. España aspira a recuperar peso en Fráncfort y el nombre del exgobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos circula para futuras responsabilidades, incluida la sucesión de Christine Lagarde cuando termine su mandato en 2027. El propio exvicepresidente del BCE Luis de Guindos ha defendido que España debe volver a tener presencia en el Comité Ejecutivo.

Una elección nacional no elimina esa candidatura ni impide defenderla. Sí puede interrumpir la continuidad política necesaria para construir alianzas entre capitales si la formación del nuevo Gobierno se prolonga. Las grandes designaciones europeas dependen tanto de los perfiles técnicos como de negociaciones entre Estados y familias políticas.

El 29N abre así dos calendarios simultáneos. España decidirá su mayoría mientras la Unión intenta estabilizar una economía sometida a nuevas tensiones fiscales y geopolíticas. La UE no queda bloqueada por unas elecciones españolas, pero pierde durante varias semanas una certeza sobre la orientación política de uno de sus cuatro grandes países. En el actual equilibrio europeo, esa incertidumbre ya constituye un factor que Bruselas tendrá que incorporar a sus negociaciones.

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