BARCELONA — La subida del petróleo vuelve a colocar la fiscalidad de los carburantes en el centro del debate europeo. Mientras las tensiones sobre las rutas de suministro amenazan con trasladarse al precio pagado por hogares y empresas, Francia y España disponen de instrumentos fiscales capaces de amortiguar parcialmente el impacto.
En Francia, la asociación 40 millions d’automobilistes calcula que un litro de gasóleo podría situarse teóricamente alrededor de 1,21 euros y el de gasolina en 1,24 euros si la fiscalidad se redujera hasta los niveles mínimos considerados en su simulación. El cálculo parte de un coste de 0,72 euros por litro correspondiente al petróleo, refinado, transporte y distribución, al que añade las accisas y el IVA.
⛽ Pour vous donner une idée, voici combien pourrait coûter le carburant actuellement si la France se contentait d'appliquer les minima européens en matière de fiscalité sur le produit 👇 #BalanceTonPlein pic.twitter.com/WHRrwRfmRR
— 40 millions d'automobilistes (@40MA) September 12, 2026 La cifra permite visualizar el peso de los impuestos en el precio final, pero no constituye un precio que Francia pueda aplicar automáticamente. La Unión Europea establece un marco mínimo de imposición de los productos energéticos, mientras los Estados conservan margen para mantener niveles superiores. La normativa también contempla reducciones y determinadas excepciones bajo condiciones.
España ya ha abierto la vía fiscal
La diferencia con Francia es que España ha llevado esta posibilidad hasta Bruselas. Ante la inestabilidad del mercado petrolero internacional, Madrid solicitó autorización para reducir temporalmente la imposición de gasolina y gasóleo, incluso por debajo de determinados mínimos europeos, durante el periodo comprendido entre julio y septiembre de 2026.
La Comisión Europea consideró que la medida podía justificarse por las circunstancias geopolíticas excepcionales y por la necesidad de preservar la accesibilidad de la energía para hogares y empresas. Bruselas advierte, al mismo tiempo, de que las reducciones fiscales generalizadas tienen un coste presupuestario y pueden estimular el consumo de combustibles fósiles, por lo que cualquier excepción debe permanecer limitada en el tiempo.
Una frontera, dos precios en el surtidor
Para la Eurorregión, la cuestión tiene una dimensión especialmente concreta. Catalunya y Occitanie forman parte de un mismo corredor económico y logístico, pero automovilistas y transportistas pueden afrontar precios diferentes a ambos lados de la frontera. En un territorio atravesado diariamente por importantes flujos de mercancías, unos céntimos por litro pueden convertirse en una diferencia significativa para las empresas de transporte.
Si el petróleo permanece bajo presión, París y Madrid tendrán que decidir cuánto del choque internacional trasladan directamente al consumidor. El precio en la gasolinera ya no dependerá únicamente del barril: también dependerá de cuánto estén dispuestos los Estados a renunciar temporalmente a ingresos fiscales para proteger el poder adquisitivo y la actividad económica.

