BARCELONA — La presión sobre los dos grandes accesos energéticos entre el Golfo, el mar Rojo y Europa vuelve a colocar una cuestión muy concreta sobre la mesa: si el petróleo permanece caro, ¿puede Europa amortiguar el golpe sobre los hogares y las empresas sin volver a subvencionar masivamente cada litro de combustible?
El riesgo ha aumentado este fin de semana. UKMTO informó este domingo de que un proyectil alcanzó un buque en el estrecho de Ormuz, provocó un incendio y obligó a evacuar a la tripulación. El incidente llega después del cierre temporal del oleoducto saudí Este-Oeste tras varios ataques. Esa infraestructura había adquirido todavía más importancia al transportar entre 4 y 5 millones de barriles diarios mientras el tráfico por Ormuz permanecía parcialmente restringido.
Al mismo tiempo, el avance hutí en Yemen ha reforzado su posición alrededor de Bab el Mandeb, la puerta del mar Rojo por la que circula alrededor del 7% del petróleo mundial. La combinación es especialmente sensible para Europa: Ormuz condiciona la salida del crudo del Golfo y Bab el Mandeb el acceso hacia Suez y el Mediterráneo. Cuando esas rutas se vuelven inseguras, el problema no se limita al barril: aumentan seguros, fletes, desvíos y costes logísticos.
España ya ha cambiado el mercado
La respuesta no depende únicamente de encontrar petróleo más barato. España ofrece otra pista: aumentar la competencia en la distribución. La red española cerró 2025 con 12.746 estaciones de servicio y las independientes representaban ya el 44,3% del total, según la CNMC. La proliferación de modelos automáticos, independientes y de bajo coste ha presionado los precios y modificado un mercado históricamente dominado por las grandes redes.
El efecto es visible para el consumidor. En 2025 algunas estaciones low cost podían vender hasta unos 20 céntimos por litro por debajo de las redes tradicionales. Su cuota de mercado pasó, según datos sectoriales recogidos por Cinco Días, del 8,5% en 2019 a cerca del 29% en 2025. No crean petróleo barato: reducen estructura comercial, automatizan servicios y compiten con márgenes distintos.
Ese matiz es esencial. Ninguna gasolinera low cost puede neutralizar un Brent permanentemente por encima de 100 dólares. El crudo cerró el viernes en 104,61 dólares y las tensiones actuales mantienen el riesgo sobre la oferta. Pero una mayor competencia minorista sí puede limitar parte de la transmisión del shock hasta el surtidor.
Proteger el precio sin congelar la transición
Para España y para la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, el debate debería ir más allá de escoger entre subvencionar carburantes o aceptar toda la subida. Facilitar competencia, vigilar márgenes, eliminar barreras injustificadas para nuevos operadores y ofrecer transparencia de precios puede convertirse en política de poder adquisitivo.
La economía azul añade otra dimensión. Puertos como Barcelona, Tarragona o València dependen de cadenas marítimas directamente expuestas a Ormuz, Bab el Mandeb y Suez. Reducir esa vulnerabilidad exige diversificar suministros y acelerar combustibles alternativos, electrificación portuaria y eficiencia logística. Buscar energía más barata puede aliviar la emergencia; consumir menos petróleo importado reduce estructuralmente el riesgo.
España demuestra que existe margen entre el precio internacional del barril y lo que termina pagando el automovilista. En una crisis donde dos de los principales cuellos de botella energéticos están simultáneamente bajo presión, proteger al consumidor no significa prometer gasolina barata. Significa conseguir que cada euro de encarecimiento externo no se multiplique innecesariamente antes de llegar al depósito.

