Comprar armas europeas: ¿puede la UE ganar autonomía sin debilitar su defensa?

BRUSELAS — ¿Debe Europa priorizar sus propias armas cuando la seguridad del continente depende todavía en buena medida de Estados Unidos? La pregunta ha dejado de ser industrial para convertirse en estratégica. El embajador estadounidense ante la UE, Andrew Puzder, ha criticado la preferencia europea en las compras de defensa y advierte de que elegir por geografía en lugar de por capacidad puede fragmentar la base industrial transatlántica. Bruselas, sin embargo, está construyendo precisamente mecanismos destinados a reducir dependencias que podrían resultar críticas en una crisis.

La discusión llega en un momento en el que Washington exige a los europeos asumir una mayor parte de su propia defensa y, simultáneamente, cuestiona que ese aumento del gasto se oriente prioritariamente hacia fabricantes europeos. La evolución de la relación transatlántica, el retroceso estadounidense en determinadas capacidades y las dudas sobre la continuidad política de algunos compromisos han convertido la seguridad de suministro en una variable militar.

Comprar europeo significa controlar una parte mayor de la cadena

La preferencia europea no equivale a cerrar el mercado a Estados Unidos. Los Estados miembros pueden seguir utilizando sus presupuestos nacionales para adquirir sistemas estadounidenses. La diferencia aparece cuando intervienen determinados instrumentos europeos. SAFE, dotado con hasta 150.000 millones de euros en préstamos, exige que al menos el 65% del coste de los componentes proceda de la UE, Ucrania o países elegibles del EEE/EFTA.

El nuevo Programa Europeo de la Industria de Defensa sigue una lógica similar: al menos el 65% del coste de los componentes debe proceder de la UE o países asociados y, como regla general, la autoridad de diseño debe permanecer en Europa. No se trata únicamente de dónde se ensambla un arma. Controlar diseño, componentes, mantenimiento, munición, actualizaciones y capacidad de producción determina hasta qué punto Europa puede seguir utilizando un sistema si una crisis política altera las relaciones con un proveedor exterior.

La autonomía tiene un límite: Europa todavía no produce suficiente

El argumento estadounidense señala una vulnerabilidad real. En una guerra, disponibilidad y velocidad pueden imponerse al origen industrial. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, resumió el problema esta semana: la cuestión no es únicamente comprar europeo o estadounidense, sino disponer de suficiente material. La industria europea sigue teniendo déficits de capacidad en ámbitos críticos y sustituir inmediatamente determinados sistemas estadounidenses no es realista.

Una preferencia absoluta podría por tanto retrasar adquisiciones urgentes, reducir la competencia o encarecer determinados programas. Pero depender estructuralmente de proveedores externos también crea un riesgo: una decisión política tomada fuera de Europa puede afectar entregas, repuestos, software o capacidad de evolución de sistemas esenciales.

Priorizar Europa en una crisis es también preparar la crisis antes de que llegue

La estrategia europea intenta resolver esa contradicción aumentando producción y compras conjuntas antes de una emergencia. La hoja de ruta de preparación para 2030 fija como objetivo político que al menos el 55% de la inversión en defensa se adquiera a la base industrial europea y que las compras conjuntas ganen peso. El programa EDIP incorpora además por primera vez un mecanismo europeo de seguridad de suministro para garantizar acceso fiable a productos y componentes durante una crisis.

Comprar europeo no garantiza por sí solo autonomía estratégica. Europa sigue necesitando capacidades estadounidenses y la OTAN continúa siendo el marco central de defensa colectiva. Pero desarrollar una industria capaz de producir, mantener y reponer armamento dentro del continente reduce la exposición a cambios políticos externos.

La cuestión para la UE no es, por tanto, elegir entre Europa y Estados Unidos en cada contrato. Es determinar qué capacidades no puede permitirse depender de una decisión exterior. En tiempos normales, el precio y las prestaciones dominan una compra. En una crisis prolongada, también cuentan quién controla la tecnología, dónde están las fábricas y si las municiones y los repuestos seguirán llegando.

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Periodista y director editorial de OLA NEXT, con más de 15 años de experiencia en televisión y agencias de noticias. Ha desarrollado su trayectoria profesional entre España y Francia, trabajando para diferentes medios de comunicación. Especializado en actualidad, economía y asuntos europeos, dirige el desarrollo editorial de OLA NEXT.
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