Canadá–UE: de SAFE al comercio, una integración estratégica que ya toma forma

BRUSELAS — El acercamiento entre Canadá y la Unión Europea ya no se limita al CETA. En menos de dos años, Ottawa y Bruselas han construido una arquitectura que conecta defensa, seguridad económica, materias primas críticas, energía y cadenas de suministro. La presencia del primer ministro Mark Carney esta semana en Estrasburgo llega así sobre una relación que dispone ya de instrumentos concretos.

El salto más visible está en defensa. Canadá y la UE firmaron en junio de 2025 una Asociación de Seguridad y Defensa que amplió la cooperación a Ucrania, ciberseguridad, amenazas híbridas, espacio, seguridad marítima e industria militar. En 2026 Canadá se convirtió además en el primer país no europeo asociado a SAFE, el instrumento comunitario de hasta 150.000 millones de euros en préstamos para compras conjuntas de defensa.

Una industria de defensa más conectada

La participación canadiense en SAFE permite que empresas del país entren, bajo las condiciones acordadas con la UE, en proyectos de adquisición vinculados al instrumento. Para Ottawa supone acceder a una política industrial europea en plena expansión; para Bruselas, incorporar una base industrial aliada con capacidades en aeronáutica, espacio, sensores, comunicaciones y materias primas.

La lógica se extiende a las cadenas de suministro. Canadá dispone de níquel, cobalto, litio, uranio, potasa y otros recursos considerados estratégicos para la transición energética y la autonomía industrial europea. Ambas partes han reforzado su cooperación sobre minerales críticos precisamente cuando la UE busca reducir dependencias excesivas de proveedores externos.

El CETA como infraestructura económica

El comercio sigue siendo la base. Desde la aplicación provisional del CETA en septiembre de 2017, los intercambios de bienes y servicios entre ambas economías han crecido con fuerza. En 2025 alcanzaron alrededor de 130.000 millones de euros, frente a 72.100 millones en 2016. El acuerdo, sin embargo, continúa sin estar plenamente ratificado por todos los Estados miembros.

La guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos añade ahora una dimensión estratégica. Washington continúa siendo de lejos el principal socio canadiense, pero Ottawa busca ampliar mercados y atraer inversión hacia infraestructuras capaces de conectar sus recursos con Europa y Asia.

El resultado todavía no es un mercado común ni una alianza militar integrada. Pero defensa, comercio, materias primas, tecnología y seguridad económica empiezan a formar un mismo sistema. Esa es la base concreta sobre la que Carney llega a Estrasburgo.

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Periodista y director editorial de OLA NEXT, con más de 15 años de experiencia en televisión y agencias de noticias. Ha desarrollado su trayectoria profesional entre España y Francia, trabajando para diferentes medios de comunicación. Especializado en actualidad, economía y asuntos europeos, dirige el desarrollo editorial de OLA NEXT.
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