BARCELONA – La AP-7 se encuentra al límite de su capacidad en varios tramos de Cataluña ante el crecimiento sostenido del tráfico desde la desaparición de los peajes. Expertos en movilidad consideran necesario ampliar la infraestructura y reorganizar sus accesos para evitar que la principal autopista del corredor mediterráneo se convierta en un cuello de botella permanente.
La presión vuelve a hacerse visible durante las operaciones de salida. Este viernes, alrededor de 600.000 vehículos abandonaron el área metropolitana de Barcelona, concentrando buena parte de los desplazamientos en la AP-7 y en las conexiones con la costa y el interior.
El problema ya no se limita a los fines de semana o a las vacaciones. La autopista absorbe diariamente movilidad metropolitana, tráfico de larga distancia y una elevada circulación de mercancías entre la península ibérica y el resto de Europa.
Más de 500 millones para ampliar cien kilómetros
El Ministerio de Transportes trabaja en cuatro proyectos destinados a aumentar la capacidad de la AP-7 en Cataluña. Las actuaciones previstas superan los 500 millones de euros y permitirían incorporar terceros y cuartos carriles en cerca de cien kilómetros.
Los proyectos afectan a los tramos Sant Celoni-Montornès del Vallès, Martorell-Vilafranca Centre, B-23-Martorell y l’Hospitalet de l’Infant-Amposta. El plan se completa con el convenio de 250 millones de euros anuales acordado entre el Gobierno español y la Generalitat para remodelar enlaces y construir nuevos accesos.
La ampliación puede aliviar algunos de los puntos más saturados, pero los especialistas advierten de que añadir carriles no resolverá por sí solo el crecimiento de la demanda. La planificación deberá coordinarse con Rodalies, el transporte público metropolitano y el traslado de mercancías de la carretera al ferrocarril.
Una infraestructura estratégica para la Eurorregión
La AP-7 constituye el principal eje viario entre Cataluña, la Comunidad Valenciana y la frontera francesa. Su saturación afecta a trabajadores, empresas logísticas, exportadores, transportistas y destinos turísticos de todo el arco mediterráneo.
Las retenciones elevan los tiempos de desplazamiento, encarecen el transporte de mercancías y reducen la previsibilidad de las cadenas de suministro. Para las empresas, la capacidad real del corredor se ha convertido en un factor de competitividad comparable al coste energético o a la disponibilidad de suelo industrial.
La cuestión ya no es únicamente cómo ampliar la autopista, sino qué modelo de movilidad necesita Cataluña para absorber el crecimiento sin trasladar continuamente el problema de un tramo a otro. La respuesta combinará inversión viaria, nuevos accesos, transporte colectivo y una alternativa ferroviaria más sólida para el tráfico de mercancías.

