MADRID — La inflación interanual de la zona euro repuntó una décima en julio, hasta el 2,9%, mientras que en el conjunto de la Unión Europea alcanzó el 3%, según los datos confirmados por Eurostat y difundidos por Europa Press.
El avance de los precios estuvo impulsado principalmente por la energía, cuyo coste aumentó un 10,3% interanual, frente al 8,5% registrado en junio. La presión energética vuelve así a ocupar un lugar central en la evolución del coste de vida europeo, en un contexto marcado por la volatilidad de los mercados y la incertidumbre geopolítica.
Los alimentos frescos aumentaron un 2,4%, siete décimas menos que en junio. Los bienes industriales no energéticos subieron un 0,9%, frente al 0,7% anterior, mientras que los servicios se encarecieron un 3,3%, una décima más. Si se excluye la energía, la inflación de la eurozona se mantuvo en el 2,2%. La tasa subyacente, que también excluye alimentos frescos, alcohol y tabaco, repuntó del 2,4% al 2,5%.
España mantiene el diferencial más elevado entre las grandes economías
España registró en julio una inflación armonizada del 3,9%, tres décimas más que en junio. Es la tasa más alta entre las principales economías del euro: Alemania se situó en el 2,8%, Italia en el 2,9% y Francia en el 2,4%. El diferencial desfavorable para España frente a la media de la zona euro se amplió a un punto porcentual, frente a las ocho décimas del mes anterior.
La evolución tiene una incidencia directa en los hogares y las empresas. El encarecimiento de la energía afecta al transporte, la climatización, la producción industrial y los servicios, mientras que la inflación de servicios mantiene una presión persistente sobre el consumo. Para las economías de la Eurorregión, el dato introduce además una diferencia relevante entre mercados próximos: España registra una inflación superior a Francia, aunque ambos comparten la exposición a los costes energéticos.
El BCE mantiene la alerta sobre los próximos meses
El economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, ha advertido de que la inflación podría mantenerse alrededor del 3% durante el resto de 2026, por encima del objetivo del 2%. La evolución dependerá en buena medida de los precios de la energía y de la resolución de la crisis de Oriente Próximo. Lane también ha señalado que los fenómenos meteorológicos pueden ejercer una presión adicional sobre los alimentos en 2027.
El dato de julio no equivale a una nueva aceleración generalizada de todos los componentes, pero confirma que la energía vuelve a dominar el comportamiento de los precios. La atención se dirige ahora a agosto, cuando el impacto de los carburantes y de la demanda estival permitirá medir si el repunte se consolida o permanece limitado.

