MADRID — La inflación armonizada española fue finalmente una décima más elevada de lo calculado inicialmente. El Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA) cerró agosto con una tasa interanual del 4,6%, frente al 4,5% avanzado a finales de agosto, según los datos definitivos publicados este martes. La revisión refuerza la imagen de una presión inflacionista superior a la registrada durante el verano.
El dato nacional del IPC, en cambio, se mantiene en el 4,3% interanual y no constituye una nueva sorpresa: ya había sido adelantado por el INE. Supone siete décimas más que el 3,6% registrado en julio. La inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos, se modera una décima, del 3% al 2,9%.
Los carburantes empujan los precios
El transporte vuelve a estar entre los principales motores de la subida. El encarecimiento de los carburantes y lubricantes para vehículos contrasta con la caída que habían registrado un año antes. También influye la evolución de los alimentos y bebidas no alcohólicas, cuyos precios disminuyeron menos que en agosto de 2025.
La aceleración se produce en un contexto especialmente sensible para España por el impacto de la energía y del petróleo sobre una economía intensiva en movilidad. En julio, antes del nuevo salto de agosto, el grupo de transporte ya registraba una inflación anual del 6,2%. La persistencia de las tensiones energéticas internacionales aumenta ahora la exposición de hogares, empresas de transporte, logística y actividades turísticas.
Una referencia comparable con Europa
El IPCA es especialmente relevante porque utiliza una metodología armonizada que permite comparar la evolución de los precios entre los países de la Unión Europea. En julio, la tasa española era del 3,9%, frente al 2,9% de la zona euro. El salto de agosto amplía la presión que soporta España justo cuando la inflación energética ha vuelto a acelerarse en Europa.
Para la Eurorregión, la combinación de energía cara e inflación elevada puede trasladarse a costes empresariales y consumo, especialmente en transporte por carretera, turismo y servicios. La moderación de la subyacente al 2,9% introduce, sin embargo, una señal diferente: el repunte general continúa concentrando una parte importante de su fuerza en componentes más volátiles. El dato definitivo de agosto confirma así una inflación elevada, pero también una composición desigual que será clave para medir su persistencia durante el otoño.

