TERRASSA — Cirsa perderá su sede principal en Cataluña tras acordar una fusión vinculante con la italiana Lottomatica. La operación, anunciada este miércoles, prevé integrar ambas compañías en un grupo con centro corporativo en Roma. Cirsa mantendrá presencia en Barcelona, pero dejará de operar como sociedad independiente una vez completado el proceso.
Un cambio de centro de decisión
El acuerdo contempla un intercambio de acciones y la creación de un operador de mayor dimensión en el sector del juego y el entretenimiento. Lottomatica asumirá el control del grupo resultante, mientras que Blackstone, actual propietario de Cirsa, conservará una participación cercana al 24%.
El traslado de la sede principal no equivale a la desaparición de Cirsa en Cataluña. La compañía mantiene actividad, instalaciones y empleo en el área de Barcelona, y Terrassa seguirá vinculada al grupo. Sin embargo, la pérdida de autonomía jurídica y el desplazamiento de las funciones centrales hacia Roma pueden afectar a la toma de decisiones, los servicios corporativos, los proveedores y la fiscalidad asociada.
Empleo y autorizaciones, las incógnitas
Las empresas todavía no han detallado el impacto de la operación sobre la plantilla, la organización de los equipos directivos ni la localización de las funciones financieras, tecnológicas y comerciales. Tampoco se ha precisado el calendario definitivo para completar la fusión.
El acuerdo deberá superar los procedimientos societarios y regulatorios correspondientes en España e Italia. La autorización de las autoridades de competencia y la aprobación de los accionistas serán pasos decisivos antes de que pueda considerarse finalizado. Hasta entonces, el anuncio debe interpretarse como una operación pactada, no como una integración ya ejecutada.
Una operación con dimensión catalana y europea
Cirsa se incorporó al mercado bursátil español en 2025 y ha comunicado sus resultados y operaciones a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. La fusión refuerza la consolidación europea del sector, pero también reabre el debate sobre la capacidad de Cataluña para conservar centros de decisión de grandes empresas nacidas o desarrolladas en su territorio.
Para Terrassa, el punto central será conocer qué actividades permanecerán realmente en la ciudad y qué papel tendrá Barcelona dentro del nuevo grupo. La sede secundaria puede mantener empleo cualificado y relaciones con proveedores, pero el poder corporativo se trasladará a Roma. La operación queda ahora pendiente de las autorizaciones y de la información que ambas compañías deberán ofrecer al mercado.

