BARCELONA — Donald Trump amenaza desde la tribuna de Naciones Unidas con “aniquilar” a Irán si no hay acuerdo. Horas después, representantes estadounidenses e iraníes retoman contactos indirectos en Nueva York. Volodímir Zelenski llega a la Asamblea tras hablar con Trump sobre un posible alto el fuego energético con Rusia. Y mientras las guerras dominan los discursos, el Consejo de Seguridad abre un debate sobre la inteligencia artificial con algunos de los principales dirigentes de la industria tecnológica.
La segunda jornada de la Asamblea General muestra una paradoja más compleja que la simple pérdida de influencia de la ONU: la organización tiene enormes dificultades para detener los conflictos, pero Nueva York continúa siendo el lugar donde adversarios que apenas mantienen canales directos vuelven a hablar.
Trump amenaza a Irán; la diplomacia trabaja detrás
Trump defendió ante la Asamblea la presión sobre Teherán y vinculó el futuro iraní a un acuerdo con Washington. Al mismo tiempo, el enviado estadounidense Steve Witkoff confirmó contactos con la delegación iraní a través de mediadores durante la jornada.
Teherán ha trasladado condiciones para poner fin a la guerra: cese de las acciones militares estadounidenses, levantamiento del bloqueo naval y de la presión económica y liberación de activos iraníes. No existe todavía un acuerdo. Pero el efecto de la reapertura diplomática salió inmediatamente del edificio de Naciones Unidas: el Brent llegó a caer por debajo de 99 dólares después de conocerse los contactos.
El estrecho de Ormuz conecta así la diplomacia de Nueva York con Europa. Su bloqueo afecta al comercio energético, a los costes industriales y al transporte. Una negociación desarrollada en los márgenes de la ONU puede tener consecuencias económicas casi inmediatas a miles de kilómetros.
Ucrania: negociar una parte de la guerra
El caso ucraniano muestra otro cambio. Zelenski ha explicado que habló con Trump sobre un “alto el fuego energético”: Kiev estaría dispuesta a dejar de atacar infraestructuras energéticas si Rusia hace lo mismo con los sistemas ucranianos de electricidad y agua. Estados Unidos trasladaría la propuesta a Moscú.
No es una negociación de paz global. Es un intento de aislar un ámbito concreto de la guerra para reducir los ataques. Al mismo tiempo, Marco Rubio y Serguéi Lavrov tienen previsto reunirse en Nueva York mientras Washington intenta reactivar las conversaciones.
La ONU no dirige esas negociaciones. Pero su Asamblea crea la concentración diplomática que permite que estadounidenses, rusos, ucranianos, iraníes y europeos mantengan contactos en cuestión de horas. La institución pierde capacidad como árbitro y conserva valor como plataforma.
La próxima disputa ya está dentro del Consejo de Seguridad
La jornada introduce además un conflicto que no depende todavía de tanques ni misiles. El Consejo de Seguridad debate las implicaciones de la inteligencia artificial para la paz y la seguridad internacionales, con la participación prevista de dirigentes de OpenAI, Anthropic y Hugging Face.
La cuestión divide ya a las grandes potencias. Trump rechaza un marco internacional que limite el desarrollo estadounidense, mientras Naciones Unidas defiende mecanismos de coordinación global. China reclama también una gobernanza internacional, pero rechaza que la seguridad se utilice para restringir sus modelos. La IA pasa así de política tecnológica a elemento de competencia estratégica.
Europa ante una ONU que cambia de función
Para la Unión Europea, esta transformación plantea un problema diferente al de simplemente “defender el multilateralismo”. Francia, España y las instituciones europeas pueden reivindicar el derecho internacional, pero la Asamblea demuestra que la diplomacia contemporánea combina instituciones, presión económica, capacidad militar y negociaciones paralelas.
Europa necesita la ONU porque una Unión basada en reglas pierde influencia en un sistema dominado únicamente por relaciones de fuerza. Pero también necesita capacidad propia para intervenir cuando esas reglas no bastan: defensa, energía, tecnología, sanciones, financiación y diplomacia.
Nueva York muestra así una ONU menos capaz de imponer soluciones, pero todavía difícil de sustituir. Las guerras se libran fuera de sus paredes; las grandes decisiones no siempre se toman en sus órganos. Sin embargo, cuando los adversarios necesitan volver a hablar, continúan encontrándose alrededor de la misma institución. Esa puede ser una de las funciones decisivas del multilateralismo en el nuevo equilibrio mundial.

