MADRID — España llega al verano con una ventaja clara de crecimiento y una desventaja cada vez más visible en precios. Su PIB aumentó un 0,7 % en el segundo trimestre, frente al 0,4 % de la zona euro y el 0,2 % de Francia. Al mismo tiempo, la inflación española repuntó al 3,5 % en julio.
La demanda sostiene la actividad
El crecimiento español superó las previsiones y aceleró una décima respecto al primer trimestre. El consumo de los hogares avanzó un 0,7 % y la inversión un 0,5 %. La demanda interna aportó seis décimas al resultado trimestral y el sector exterior, una décima.
Francia volvió a crecer, pero solo un 0,2 %, apoyada sobre todo por el rebote de las exportaciones mientras la inversión siguió retrocediendo. La zona euro duplicó la estimación inicial con un 0,4 %, aunque el resultado agregado estuvo impulsado en parte por el fuerte avance irlandés.
El precio de la ventaja española
La fortaleza de la actividad no elimina la pérdida de poder adquisitivo. Carburantes y electricidad elevaron el IPC español, mientras la inflación subyacente alcanzó el 3,0 %. Si los salarios avanzan menos, el consumo puede resistir en volumen y, al mismo tiempo, deteriorarse en la percepción de los hogares.
Para las empresas, el cuadro también es doble. Una economía dinámica mejora ventas y empleo, pero la energía y el transporte elevan costes. En la Eurorregión, las compañías que operan entre Cataluña y Occitania afrontan ritmos de precios distintos en dos mercados estrechamente conectados.
La comparación todavía no está cerrada
La inflación francesa y la estimación de la zona euro se publicarán el viernes. Esos datos medirán la amplitud exacta de la brecha. Si Francia se mantiene cerca del 1,8 % observado en junio y Europa del 2,8 %, España combinará el mayor crecimiento con una presión de precios sensiblemente superior.
La cuestión para los próximos meses será determinar cuánto tiempo puede mantenerse ese equilibrio. La expansión española ofrece margen a empresas y empleo, pero una inflación persistente puede reducir consumo real, retrasar la relajación monetaria y convertir parte de la ventaja de crecimiento en una factura más elevada para hogares y negocios.

