MADRID — A un año de las elecciones generales previstas para 2027, el tablero político español entra en una fase distinta. La crisis de Ceuta ha colocado inmigración, seguridad y relaciones con Marruecos en el centro de la agenda, pero el desgaste no se traduce todavía en un vuelco inequívoco. El primer CIS después del verano mantiene al PSOE como primera fuerza, mientras otras encuestas sitúan claramente por delante al bloque de PP y Vox. La coincidencia entre ambos retratos está en otro punto: Vox gana espacio y aumenta la presión sobre los dos grandes partidos.
El barómetro del CIS de septiembre otorga al PSOE un 31% de voto estimado, dos puntos menos que en julio. El PP se mueve alrededor del 25%, prácticamente estable, y Vox sube 1,3 puntos hasta el 16,6%. Sumar cae al 5,7%, su nivel más bajo de la legislatura, mientras Podemos alcanza el 3,7%. El estudio, basado en 4.042 entrevistas realizadas entre el 1 y el 4 de septiembre, recoge ya el impacto político inicial de Ceuta, aunque precede a algunos de los episodios posteriores sobre los avisos de inteligencia y las responsabilidades en la gestión.
Dos encuestas, dos ganadores distintos
La fotografía cambia considerablemente fuera del CIS. El barómetro de 40dB. para El País y la Cadena SER situó al PP en el 32,4%, al PSOE en el 27,6% y a Vox en el 17,8%. PP y Vox sumaban así un 50,2%, por primera vez por encima de la mitad del voto estimado durante esta legislatura. Las metodologías son diferentes y los porcentajes no son directamente intercambiables, pero la distancia entre ambas estimaciones obliga a evitar una lectura única del escenario electoral.
Hay, sin embargo, una tendencia común: Ceuta favorece especialmente el terreno político de Vox. En la encuesta de 40dB., un 63% valoraba mal o muy mal la gestión de Pedro Sánchez y cerca del 90% atribuía responsabilidad a Marruecos. Vox aparecía además como el partido considerado más capaz de gestionar la inmigración, por delante de PSOE y PP. El desafío para Alberto Núñez Feijóo es evidente: convertir el desgaste del Gobierno en voto popular sin alimentar simultáneamente a su principal competidor por la derecha.
Ceuta agrava un desgaste que ya existía
Para Pedro Sánchez, la frontera no constituye una crisis aislada. El último curso completo de la legislatura comienza con investigaciones y causas judiciales que afectan al PSOE o a figuras de su entorno político y familiar, además de una coalición sometida a fricciones. La propia portavoz socialista Montse Mínguez ha defendido la actuación del partido frente a las investigaciones y sostiene que las causas contra personas próximas al presidente buscan desgastar su figura.
Ceuta añade una dimensión diferente porque afecta directamente a la capacidad de anticipación y respuesta del Estado. Documentos del CNI conocidos en septiembre muestran que existieron avisos previos sobre movimientos hacia la frontera. El Gobierno sostiene que no permitían anticipar una entrada de la magnitud registrada los días 30 y 31 de julio. La controversia provocó ya la dimisión del jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta y abrió críticas incluso entre socios del Ejecutivo. Sumar ha reclamado responsabilidades por posibles fallos en la cadena de información.
La izquierda llega fragmentada; la derecha, competitiva
El problema electoral del PSOE tampoco depende únicamente de su propio porcentaje. Sumar y Podemos llegan separados al tramo final de la legislatura y, según el CIS, suman juntos un 9,4%, por debajo del espacio que representaba Sumar en las generales de 2023. La capacidad de reconstruir ese voto será decisiva para cualquier mayoría encabezada por Sánchez.
En la derecha ocurre lo contrario: la competencia entre PP y Vox puede elevar el conjunto del bloque, pero complica el liderazgo de Feijóo. Vox presenta una elevada fidelidad electoral y encuentra en inmigración y seguridad dos de sus terrenos más favorables. A doce meses de las urnas, España no tiene todavía un ganador indiscutible: el CIS mantiene al PSOE primero; otras encuestas colocan al PP al frente. Lo que sí empieza a definirse es una campaña en la que Sánchez tendrá que contener el desgaste, Feijóo demostrar que puede capitalizarlo y Abascal intentar convertir la crisis de Ceuta en un cambio estructural del equilibrio político español.

