BARCELONA — El precio del petróleo vuelve a situarse en el centro de la tensión económica internacional. El Brent llegó este lunes a los 90,50 dólares por barril, un 2,7 % más, después del intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán en torno al estrecho de Ormuz. La subida reabre el riesgo de una nueva presión sobre los carburantes, la inflación y los costes de transporte en España, Francia y el conjunto de la Unión Europea.
La escalada comenzó con el ataque estadounidense contra dos lanzadores iraníes en la isla de Larak. Washington sostiene que las plataformas se preparaban para lanzar misiles con minas navales hacia el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo. Irán respondió anunciando ataques con misiles contra dos bases estadounidenses en Jordania. El Ejército jordano aseguró haber interceptado ocho proyectiles y no informó inicialmente de víctimas ni daños relevantes en esas instalaciones.
Una reacción inmediata en los mercados
El Brent, referencia para buena parte del petróleo que consume Europa, reaccionó al alza ante la posibilidad de que el conflicto afecte al tráfico marítimo. Aunque la subida se moderó respecto a los primeros movimientos, la cotización se mantuvo por encima de los 90 dólares, un nivel que vuelve a colocar la energía bajo vigilancia de los gobiernos y de los bancos centrales.
El estrecho de Ormuz concentra una parte esencial del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. La reducción del tráfico marítimo, las amenazas sobre los buques y el riesgo de nuevas operaciones militares pueden elevar no solo el precio del petróleo, sino también las primas de seguro, los costes logísticos y los plazos de entrega.
Carburantes, transporte e industria
Para los hogares, la primera consecuencia potencial se encuentra en las gasolineras. Una subida sostenida del crudo suele trasladarse con retraso a la gasolina y al diésel, aunque el impacto final depende del tipo de cambio, los impuestos y los márgenes de distribución. El encarecimiento también afecta a las empresas de transporte por carretera, a la aviación y a las industrias con un elevado consumo energético.
En España, el aumento de los costes puede presionar a los transportistas que conectan los puertos mediterráneos con Cataluña, Aragón y el resto de Europa. En Francia, el efecto se sumaría a los costes de las rutas internacionales y de la actividad industrial. Las aerolíneas, como IAG, afrontan una exposición directa al combustible, mientras que compañías energéticas como Repsol y TotalEnergies pueden beneficiarse parcialmente de un petróleo más caro, aunque también deben gestionar la volatilidad y el riesgo geopolítico.
Reivindicaciones pendientes de confirmar
La información disponible exige distinguir entre hechos confirmados y afirmaciones de las partes. El ataque estadounidense contra los lanzadores de Larak y el lanzamiento de misiles iraníes hacia bases en Jordania han sido comunicados por las autoridades correspondientes. Irán también afirmó haber derribado un dron estadounidense sobre el estrecho y haber alcanzado un superpetrolero con minas navales, pero ambos extremos permanecen pendientes de una confirmación independiente.
Tampoco existen pruebas concluyentes de que la isla de Kharg, un importante centro petrolero iraní, haya sido destruida. El presidente Donald Trump difundió un vídeo generado con inteligencia artificial para respaldar esa afirmación, sin que aparecieran evidencias verificables de un ataque contra la infraestructura energética.
La evolución del Brent, el tráfico en Ormuz y la respuesta de los países del Golfo serán ahora los principales indicadores. Si la tensión se prolonga, el encarecimiento de la energía podría volver a trasladarse a la inflación europea y condicionar las decisiones de inversión y de tipos de interés.

