TENERIFE — Miles de microterremotos, enjambres repetidos, fluidos de origen magmático detectados en profundidad, emisiones de CO₂ y una ligera deformación del terreno. Desde hace varios meses, los instrumentos que vigilan el subsuelo de Tenerife registran una actividad inusual alrededor del sistema volcánico Teide-Pico Viejo. Es una secuencia especialmente vigilada en este archipiélago volcánico español.
La actividad sísmica mundial ha vuelto a situar los terremotos en primer plano. También en Canarias, los sismógrafos han registrado un aumento de señales.
En julio de 2026, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) localizó 724 terremotos en el entorno del archipiélago. Pero más relevante que el total es su distribución: 611 se concentraron en la zona central de Tenerife, principalmente en el complejo de Las Cañadas del Teide. Es decir, más del 84 % de toda la sismicidad localizada en Canarias durante un mes se concentró en esta única zona de Tenerife.
El fenómeno ya se había observado en junio. Ese mes, el IGN registró 474 terremotos en el archipiélago, de los cuales 365 se localizaron en Las Cañadas del Teide.
Miles de eventos frente a una treintena habitual cada semana
Es este cambio de escala el que concentra la atención. El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) estima que, en condiciones normales, Tenerife registra alrededor de una treintena de eventos sísmicos cada semana. Desde el 7 de febrero de 2026, su red ha detectado varios miles.
Entre el 18 y el 26 de junio, Involcan localizó 1.383 microterremotos en el sector suroeste de la caldera de Las Cañadas, a una profundidad aproximada de diez kilómetros.
La magnitud máxima fue de 1,6. Se trata de movimientos prácticamente imperceptibles en superficie, aunque su frecuencia llegó a alcanzar 70 eventos por hora. La actividad volvió a intensificarse en julio.
Hasta 300 eventos por hora
Los días 22 y 23 de julio, los instrumentos de Involcan detectaron cerca de 2.000 eventos sísmicos híbridos en menos de veinte horas, con picos superiores a 300 eventos por hora. Era ya el decimoquinto enjambre híbrido registrado en Tenerife desde octubre de 2016.
La secuencia continuó. En el gráfico de seguimiento difundido por Involcan, el número acumulado siguió aumentando hasta el 24 de julio y se aproximó a los 4.500 eventos detectados durante el periodo representado.
Esta cifra debe distinguirse de los 724 terremotos localizados por el IGN en julio. Ambos organismos utilizan redes, umbrales de detección y métodos de tratamiento diferentes. Una gran cantidad de señales extremadamente débiles puede ser registrada por los instrumentos sin que sea percibida por la población ni aparezca necesariamente como el mismo número de terremotos localizados en un catálogo. Precisamente estos indicios permiten a los científicos observar lo que ocurre bajo Tenerife.
¿Qué ocurre a diez kilómetros bajo el Teide?
Los eventos volcano-tectónicos suelen estar relacionados con la fractura de las rocas como consecuencia de las tensiones. En cambio, las señales de baja frecuencia o híbridas pueden reflejar movimientos de fluidos dentro de un sistema volcánico. Esta es una de las claves que Involcan plantea para interpretar la actividad actual de Tenerife.
Según el instituto, inyecciones de fluidos hidrotermales de origen magmático estarían provocando una presurización del sistema volcánico-hidrotermal bajo la isla.
La sismicidad no es el único parámetro observado. Los científicos también siguen un aumento persistente de las emisiones difusas de CO₂ en la zona del cráter del Teide, así como una ligera deformación del terreno detectada desde 2024 en el sector nororiental del complejo Teide-Pico Viejo.
Una actividad inusual que se remonta a 2016
La secuencia actual no apareció de forma repentina este verano. Desde finales de 2016, Tenerife registra un aumento de lo que Involcan define como «ruido volcánico». Desde entonces se han sucedido varios enjambres y 2026 está siendo un periodo especialmente activo.
Ya en febrero se habían detectado varios miles de eventos. Más de 1.500 pudieron localizarse con precisión, principalmente en la parte occidental de Las Cañadas, cerca del Pico Viejo, entre seis y trece kilómetros de profundidad.
El comité científico del PEVOLCA, el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias, señaló entonces una particularidad: algunas series de señales de baja frecuencia presentaban una duración y una continuidad que no se habían observado anteriormente.
¿Anuncian estas señales una erupción del Teide?
Esta es la pregunta más sensible. Miles de microterremotos, fluidos de origen magmático, emisiones de CO₂ y una deformación del terreno pueden parecer elementos de un escenario preocupante. Pero ninguno de estos parámetros permite, por sí solo, anunciar una erupción.
Involcan indica que los últimos enjambres observados no reflejan un aumento de la probabilidad de una erupción a corto o medio plazo.
El comité científico del PEVOLCA llega a la misma conclusión. La actividad profunda es inusual y justifica una vigilancia reforzada, pero los datos disponibles no permiten identificar actualmente una fase preeruptiva.
Un sistema volcánico activo puede registrar episodios de sismicidad, liberar más gases o presentar pequeñas deformaciones durante años sin que el magma alcance la superficie.
Lo que buscan los vulcanólogos es una evolución simultánea y acelerada de varios parámetros: cambios en la sismicidad, migración de los focos hacia la superficie, variaciones geoquímicas, emisiones de gases o deformación del terreno. En Tenerife, esta convergencia no se observa por ahora.
La actividad vuelve, sin embargo, a recordar el precedente reciente de la erupción de La Palma, iniciada el 19 de septiembre de 2021. Después de varios días de una crisis sísmica cada vez más intensa, con focos que migraban hacia la superficie, el volcán entró en erupción. La actividad duró casi tres meses y transformó profundamente el oeste de la isla.
La comparación termina ahí. Los sistemas volcánicos de La Palma y Tenerife son diferentes y, sobre todo, las señales registradas actualmente bajo el Teide no reproducen la secuencia preeruptiva observada en La Palma en septiembre de 2021.

