El Festival de Peralada abre la edición de su 40.º aniversario y vuelve a situar al Empordà entre los grandes escenarios culturales del verano mediterráneo. Durante cuatro décadas, la cita ha construido una programación internacional vinculada a la música, la danza y las artes escénicas, combinando artistas de primer nivel con el patrimonio de Peralada.
Su capacidad para atraer público procedente de Cataluña, Francia y otros mercados europeos ha convertido el festival en una puerta de entrada al territorio durante la temporada estival. El aniversario confirma que un proyecto cultural estable puede transformar la imagen de una comarca y generar actividad mucho más allá del recinto de los espectáculos.
La cultura como industria territorial
Hoteles, restaurantes, comercios, transportistas, técnicos y empresas de servicios se benefician de la llegada de visitantes, compañías y profesionales. Cada función activa una cadena económica que comienza antes de que se levante el telón y continúa después de la salida del público.
El festival necesita montaje, iluminación, sonido, seguridad, restauración, alojamiento y movilidad. Una parte de ese gasto permanece en el territorio y sostiene empleos vinculados tanto a la cultura como al turismo. La programación ayuda además a ampliar la oferta del Empordà con una actividad de mayor valor añadido, complementaria al modelo tradicional de sol y playa.
Un público que conecta Cataluña y Francia
La posición geográfica de Peralada facilita la llegada de espectadores del sur de Francia y refuerza la dimensión eurorregional del proyecto. La cultura funciona aquí como un vínculo transfronterizo capaz de generar desplazamientos, consumo y conocimiento mutuo sin depender de grandes infraestructuras.
El reto de la nueva etapa será conservar el prestigio artístico y, al mismo tiempo, ampliar públicos. La competencia entre festivales es intensa y los costes de producción han aumentado. Mantener una programación internacional exige patrocinio privado, apoyo institucional y una política de precios que combine sostenibilidad financiera y acceso.
Después de cuarenta años, Peralada ofrece una lección económica además de cultural. La identidad local no limita la proyección internacional cuando se convierte en una propuesta reconocible y de calidad. El festival ha situado el nombre del Empordà en los circuitos europeos y demuestra que la inversión continuada en cultura puede crear marca territorial, empleo y turismo con mayor capacidad de gasto.

