Europa contiene la respiración ante la expiración de la tregua arancelaria con Estados Unidos

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La cuenta atrás ha terminado. Este sábado expiraba el plazo concedido por la administración de Donald Trump a la Unión Europea antes de imponer una batería de aranceles que podría transformar radicalmente el mapa comercial transatlántico. Para la Eurorregión mediterránea, el eje Barcelona-Toulouse-Montpellier que vertebra una de las zonas más dinámicas del continente en materia de exportaciones, la amenaza no es abstracta: es una bomba de relojería que apunta directamente a sus sectores estratégicos.

El automóvil, la industria agroalimentaria y el sector químico, tres pilares de la economía euroregional, figuran entre los más expuestos a las represalias comerciales estadounidenses. Solo el sector del automóvil catalán exportó el año pasado mercancías por valor de 12.400 millones de euros, de los cuales un 8% tenía como destino el mercado norteamericano. Un arancel del 25%, como el que baraja Washington, supondría un sobrecoste de casi 250 millones de euros anuales para los fabricantes del corredor mediterráneo.

En Bruselas, los negociadores europeos han agotado las últimas horas buscando un acuerdo de mínimos que evite la escalada. La estrategia comunitaria pasa por ofrecer concesiones en el sector energético, particularmente en la compra de gas natural licuado estadounidense, a cambio de mantener intactas las condiciones de acceso para los bienes industriales europeos. Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por este medio reconocen que el margen de maniobra es extremadamente reducido.

Para el tejido empresarial euroregional, la incertidumbre ya está teniendo efectos tangibles. La patronal Foment del Treball ha activado un gabinete de crisis para asesorar a las empresas exportadoras, mientras que la Cámara de Comercio de Barcelona ha solicitado una reunión urgente con el Ministerio de Comercio. En Occitania, la Confédération des PME alerta de que las pequeñas y medianas empresas del sector agroalimentario carecen de la capacidad financiera para absorber un incremento súbito de los costes de exportación.

El escenario más temido, una guerra comercial abierta entre las dos orillas del Atlántico, tendría consecuencias que irían mucho más allá de las cifras macroeconómicas. La Eurorregión ha construido su modelo de desarrollo sobre la premisa de una integración profunda en las cadenas de valor globales. Si esa premisa se quiebra, el modelo mismo deberá ser repensado.

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