MADRID — España continúa creciendo a una velocidad difícil de encontrar entre las grandes economías europeas. El PIB aumentó un 0,7 % durante el segundo trimestre de 2026 y un 2,8 % respecto al mismo periodo del año anterior, según los datos definitivos publicados por el INE. Mientras buena parte de Europa afronta una combinación de crecimiento débil, energía cara y tensiones comerciales, la economía española mantiene un ritmo que multiplica varias veces el de la zona euro.
La diferencia se ha convertido en uno de los fenómenos económicos más significativos de la Unión. Entre abril y junio, la zona euro apenas avanzó un 0,1 %. Alemania continúa especialmente expuesta a la debilidad industrial y a los costes energéticos, mientras Francia e Italia evolucionan a ritmos considerablemente inferiores al español.
Pero ¿por qué España soporta mejor el deterioro del entorno?
Una parte importante de la respuesta está dentro del país. La demanda nacional aportó 3,6 puntos al crecimiento interanual durante el segundo trimestre, mientras la demanda exterior restó ocho décimas. Es decir, el crecimiento español ya no puede explicarse únicamente por el turismo o las exportaciones.
Empleo, inversión y servicios sostienen el crecimiento
El consumo de los hogares continúa respaldado por un mercado laboral que ha aumentado significativamente su tamaño durante los últimos años. A ello se suma una población creciente, impulsada en buena medida por la inmigración, que amplía simultáneamente la fuerza laboral y la demanda de vivienda, alimentación, transporte y servicios.
La inversión también ha ganado protagonismo. Los fondos europeos NextGenerationEU continúan movilizando proyectos públicos y privados, desde digitalización y transición energética hasta infraestructuras e industria. España ha sido uno de los principales receptores del programa europeo, lo que proporciona un estímulo adicional que no se distribuye de forma idéntica entre las grandes economías de la UE.
Existe además una diferencia estructural. Alemania depende en mayor medida de una industria manufacturera castigada por la energía y la menor demanda internacional. España presenta un peso superior de los servicios, incluido el turismo, que ha mostrado mayor resistencia durante esta fase del ciclo.
La energía sigue siendo el gran riesgo
La ventaja española no significa inmunidad. El encarecimiento del petróleo puede elevar los costes de transporte, industria y alimentación y terminar trasladándose a los precios. España sigue dependiendo ampliamente de las importaciones energéticas y una crisis prolongada reduciría parte de su margen.
También permanecen desequilibrios importantes: acceso a la vivienda, productividad, deuda pública y un desempleo todavía elevado frente a numerosos socios europeos.
España entra, sin embargo, en esta nueva fase de incertidumbre desde una posición poco habitual en las últimas crisis europeas. Esta vez no es el país que intenta alcanzar a sus vecinos: son las principales economías de la Unión las que observan cómo el crecimiento español se mantiene mientras buena parte del continente prácticamente se estanca.

