BARCELONA — Barcelona quiere llevar a escala mundial una estrategia que ya intenta impulsar en Europa: que las grandes ciudades ganen capacidad política para intervenir ante la crisis de la vivienda. El alcalde Jaume Collboni ha defendido este domingo en Nueva York que los alcaldes de las principales metrópolis internacionales se unan en torno a una agenda común, después de que Barcelona y Nueva York acordaran compartir experiencias sobre vivienda y comercio asequibles.
La cooperación entre ambas ciudades busca intercambiar políticas para mantener la asequibilidad urbana, tanto residencial como comercial. Barcelona sitúa así la vivienda en el centro de su proyección internacional y pretende trasladar al ámbito global una reivindicación que ya articula mediante la alianza europea Mayors for Housing.
De Europa a una red mundial de alcaldes
Collboni sostiene que las grandes ciudades comparten problemas similares aunque operen bajo marcos legales diferentes: aumento del precio de la vivienda, presión sobre el alquiler y dificultades para mantener actividad comercial accesible en los barrios. Su propuesta pasa por reforzar la coordinación entre alcaldes para que las políticas urbanas tengan mayor peso ante gobiernos nacionales e instituciones internacionales.
Barcelona ya participa en Mayors for Housing, una alianza que reunió a quince ciudades europeas —entre ellas Ámsterdam, Atenas, Bolonia, Budapest, Lisboa, Milán, París, Roma y Varsovia— para reclamar un mayor papel municipal en las políticas estructurales de vivienda de la Unión Europea. La iniciativa con Nueva York amplía ahora esa lógica más allá del marco comunitario.
Vivienda y comercio, dos caras de la asequibilidad
El intercambio Barcelona-Nueva York no se limita a la construcción de vivienda pública. Los dos ayuntamientos plantean compartir experiencias sobre mecanismos para preservar vivienda y comercio asequibles, dos elementos que condicionan la capacidad de los residentes para permanecer en los barrios.
En Barcelona, esta estrategia se inserta en el Pla Viure 2026-2033, con el que el Ayuntamiento pretende ampliar el parque asequible y reforzar su intervención sobre un mercado marcado por el aumento de precios, la expansión de inversores y la transformación de vivienda residencial hacia otros usos. El propio plan municipal reconoce que la producción de vivienda protegida cayó con fuerza después de la crisis inmobiliaria y todavía no ha recuperado los niveles de comienzos de siglo.
Las ciudades reclaman capacidad de intervención
El movimiento tiene también una dimensión institucional. Las ciudades gestionan buena parte de las consecuencias de la crisis habitacional, pero las principales herramientas fiscales, financieras y legislativas continúan dependiendo de administraciones regionales, estatales o europeas. La apuesta de Collboni busca aumentar la capacidad de presión conjunta de las metrópolis sobre esos niveles de gobierno.
La cooperación con Nueva York coloca a Barcelona en una red de ciudades que intenta tratar la vivienda no sólo como una cuestión inmobiliaria, sino como un elemento de competitividad y cohesión urbana. El siguiente paso será comprobar si ese intercambio bilateral se traduce en instrumentos concretos y si la propuesta de una alianza global de alcaldes consigue incorporar a otras grandes metrópolis.

