ESTRASBURGO — Ceuta y Melilla han entrado de lleno en el debate europeo sobre la protección de las fronteras exteriores. En su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen ha situado la presión migratoria y la instrumentalización de los movimientos de población entre los desafíos de seguridad que la Unión Europea quiere afrontar con una respuesta más común.
El mensaje adquiere una dimensión particular para España. Ceuta y Melilla constituyen las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y concentran desde hace años una parte de las tensiones entre control fronterizo, migración, cooperación con Marruecos y protección del espacio Schengen.
La frontera como cuestión europea
El planteamiento defendido en Estrasburgo refuerza una evolución política ya visible: Bruselas considera cada vez menos las crisis fronterizas como una cuestión exclusivamente nacional. La posibilidad de que terceros países utilicen los flujos migratorios como instrumento de presión obliga, según la Comisión, a disponer de mecanismos europeos capaces de responder rápidamente.
Para Ceuta y Melilla, esta doctrina puede traducirse en una mayor implicación comunitaria cuando se produzcan episodios de presión excepcional. La crisis vivida en Ceuta durante el verano ya provocó la movilización de recursos españoles y europeos y volvió a situar la frontera sur en la agenda de Bruselas.
El debate no se limita al despliegue policial. Incluye capacidad de acogida, procedimientos de asilo, cooperación con países de origen y tránsito, lucha contra las redes de tráfico de personas y protección de las fronteras exteriores sin comprometer la libre circulación dentro de Schengen.
Ceuta como precedente
La respuesta europea a Ceuta puede convertirse así en un precedente para futuras crisis en las dos ciudades autónomas. España ha defendido que la presión sobre estas fronteras afecta al conjunto de la Unión, una posición que encuentra ahora un encaje más amplio en el discurso sobre seguridad y autonomía europea.
El reto será transformar esa orientación política en instrumentos concretos. Frontex, Europol, los mecanismos europeos de asilo y la financiación comunitaria pueden adquirir un papel creciente, pero las competencias sobre el control territorial y la gestión inmediata de las fronteras siguen correspondiendo en gran medida a los Estados.
Ceuta y Melilla aparecen así en el centro de una cuestión que trasciende a España: hasta dónde debe llegar la solidaridad europea cuando una frontera nacional es también una frontera exterior de la Unión.

