ESTRASBURGO — Ursula von der Leyen pronunciará este miércoles ante el Parlamento Europeo su discurso sobre el Estado de la Unión, una intervención que llega con la UE sometida a una presión simultánea sobre su seguridad, su competitividad y su autonomía económica. A pocas horas de la cita, la atención se concentra en las prioridades que marcará la presidenta de la Comisión y en una presencia especialmente significativa: la del primer ministro canadiense Mark Carney.
El discurso debe fijar la hoja de ruta política de la Comisión para los próximos meses. Defensa, competitividad industrial, seguridad económica, energía y posición de Europa ante un orden internacional cada vez más fragmentado aparecen entre los grandes expedientes a seguir. El contexto obliga además a Bruselas a responder a una cuestión de fondo: cómo reforzar la capacidad europea de actuar sin quedar atrapada entre la presión estadounidense, la competencia china y las amenazas de seguridad en su vecindad.
Defensa y economía, dos frentes conectados
La defensa europea será uno de los puntos centrales. La UE ha acelerado sus instrumentos comunes de inversión y compra de material, mientras intenta reforzar su base industrial. Esa estrategia ya desborda las fronteras de los Veintisiete. Canadá se convirtió en junio en el primer país no europeo incorporado al instrumento SAFE, que permite la participación de empresas y productos canadienses en determinadas adquisiciones conjuntas europeas.
El movimiento se apoya en la Asociación de Seguridad y Defensa firmada por Canadá y la UE en junio de 2025. A ella se suma una relación comercial construida alrededor del CETA y una cooperación creciente en materias primas críticas, energía, tecnología, ciberseguridad y cadenas de suministro.
Carney, mucho más que un invitado
La presencia de Mark Carney en Estrasburgo convierte el discurso en una secuencia transatlántica. El primer ministro canadiense ha defendido una «alianza única» con Europa sin plantear la adhesión plena de Canadá a la Unión. Ottawa busca diversificar una economía todavía fuertemente dependiente del mercado estadounidense mientras Washington endurece su política comercial.
Por eso cualquier referencia de von der Leyen a Canadá tendrá un alcance particular. La cuestión ya no es únicamente ampliar el comercio. Bruselas y Ottawa exploran hasta dónde pueden conectar sus políticas de defensa, energía, inteligencia artificial, infraestructuras y minerales críticos.
No existe actualmente un estatuto europeo de «miembro asociado» aplicable a Canadá ni una negociación de adhesión. Pero el grado de integración sectorial que están construyendo ambas partes convierte esta relación en un laboratorio político. El discurso de von der Leyen permitirá medir si la Comisión quiere transformar ese acercamiento en una arquitectura más estable.
El jueves, Carney tomará a su vez la palabra ante el Parlamento Europeo. Entre ambas intervenciones, Estrasburgo puede ofrecer la primera señal clara sobre hasta dónde están dispuestos a llegar Canadá y la UE.

