Análisis | ¿Por qué Europa encadena terremotos, incendios, inundaciones y tormentas?

6 minutos de lectura
Foto: Bomberos de Madrid

BARCELONA — Terremotos en Andalucía, grandes incendios en España y Francia, inundaciones, olas de calor y tormentas violentas. La concentración de estos episodios en pocas semanas puede transmitir la sensación de que Europa está entrando en una fase de multiplicación generalizada de las catástrofes naturales. Sin embargo, reunir todos estos fenómenos bajo una misma explicación sería científicamente incorrecto. Europa está expuesta simultáneamente a riesgos geológicos y climáticos cuya evolución y causas son muy diferentes.

Los terremotos constituyen el ejemplo más claro. No existe evidencia científica que relacione el aumento de las temperaturas con la actividad tectónica. En el Mediterráneo, una parte importante de la sismicidad está vinculada a la interacción entre las placas africana y euroasiática, que convierte el sur de la península ibérica, Italia, Grecia, los Balcanes y Turquía en territorios históricamente expuestos.

Cuando las tensiones acumuladas en una falla superan determinados límites, la energía se libera y se produce el terremoto. Una secuencia como la registrada en Granada puede generar posteriormente decenas o centenares de réplicas mientras las tensiones de la corteza terrestre se reajustan.

«No existe una única explicación: los terremotos responden a la dinámica geológica, mientras el calentamiento global modifica las condiciones en las que se producen incendios, sequías y algunos fenómenos meteorológicos extremos.»

Tampoco puede concluirse, a partir de una sucesión de movimientos en pocos días, que Europa esté registrando necesariamente más grandes terremotos. Existe además un factor tecnológico: las actuales redes de vigilancia detectan movimientos de pequeña magnitud que hace varias décadas podían pasar inadvertidos.

El Mediterráneo se calienta y cambia las condiciones

Con los fenómenos meteorológicos, la explicación es diferente. Europa es el continente que se calienta más rápidamente, a un ritmo aproximadamente dos veces superior a la media mundial. El Mediterráneo constituye además una de las regiones especialmente vulnerables a ese cambio.

Un verano más cálido aumenta la evaporación, reduce la humedad de los suelos y favorece el secado de la vegetación. Si a esas condiciones se añaden viento y humedad ambiental muy baja, el territorio puede quedar preparado para una propagación extremadamente rápida del fuego.

El origen del incendio, sin embargo, sigue siendo otra cuestión. Una colilla, una negligencia, trabajos realizados en el campo, una acción intencionada, una infraestructura o un rayo pueden iniciar el fuego. El cambio climático no sustituye esa fuente de ignición.

«El cambio climático no enciende un bosque, pero puede crear las condiciones para que un incendio se propague con mayor rapidez e intensidad.»

Esta distinción resulta fundamental para entender los grandes incendios. El calentamiento no explica necesariamente cómo comienza cada fuego, pero sí puede influir en las condiciones de temperatura, humedad y sequedad de la vegetación que encuentra una vez iniciado.

De la sequía a las lluvias torrenciales

Puede parecer contradictorio que una región sometida a sequía y calor extremo sufra después precipitaciones torrenciales. No lo es. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y, cuando aparecen las condiciones meteorológicas adecuadas, proporcionar más humedad a determinados episodios de precipitación. En el Mediterráneo, una superficie marina muy cálida puede contribuir además a alimentar de humedad algunos sistemas atmosféricos.

Eso tampoco significa que cualquier tormenta o inundación pueda atribuirse automáticamente al cambio climático. Los investigadores analizan cada episodio mediante estudios de atribución para determinar hasta qué punto el calentamiento ha modificado su probabilidad o intensidad.

Y existe otra variable que no depende del cielo: dónde construimos.

Una lluvia intensa puede convertirse en una catástrofe mucho mayor cuando afecta a zonas densamente urbanizadas, terrenos impermeabilizados o áreas inundables. Lo mismo ocurre con los incendios cuando las viviendas avanzan hacia espacios forestales. El riesgo final depende tanto del fenómeno natural como de la exposición de la población y de las infraestructuras.

Europa dispone, además, de una capacidad de observación incomparablemente superior a la de hace unas décadas. Satélites, radares, sensores sísmicos, teléfonos móviles y sistemas de alerta permiten conocer casi instantáneamente un terremoto, un incendio o una tormenta ocurridos a miles de kilómetros. Una parte de la sensación de acumulación procede también de que hoy vemos y medimos prácticamente todo.

El verano de 2026 reúne varios de estos factores. Copernicus ya documentó en mayo una ola de calor excepcionalmente temprana en Europa occidental, con anomalías diarias superiores a 10 °C respecto a la media en determinadas zonas y numerosos récords nacionales o locales.

Los terremotos de Granada y los incendios o episodios meteorológicos registrados este verano pueden coincidir en el calendario, pero no deben mezclarse científicamente. Los primeros pertenecen a la dinámica interna de la Tierra; los segundos se desarrollan dentro de un sistema climático cuya temperatura está aumentando.

La novedad no es que Europa tenga terremotos, incendios, inundaciones o tormentas: siempre los ha tenido. Lo que cambia es la combinación entre un clima más cálido, territorios densamente ocupados y una elevada exposición a fenómenos extremos que pueden sucederse o coincidir, aumentando la presión sobre las poblaciones, las infraestructuras y los servicios de emergencia.

Compartir este artículo
Seguir
ON EDITOR identifica la función de edición y supervisión editorial de OLA NEXT. Interviene en la revisión, verificación, actualización y validación de los contenidos antes de su publicación o cuando una información requiere modificaciones posteriores. Su función es garantizar la coherencia editorial, la claridad de la información y el cumplimiento de los criterios periodísticos de OLA NEXT. ON EDITOR no identifica a una persona física concreta, sino una función editorial ejercida dentro de la redacción.