CEUTA — Puertos gigantes, fábricas de automóviles, turismo récord e inversiones para el Mundial de 2030: Marruecos exhibe desde hace años los atributos de una potencia económica emergente. Sin embargo, detrás de esta imagen, la crisis de Ceuta revela otra realidad: la de una juventud enfrentada al desempleo y a la falta de perspectivas, una parte de la cual continúa mirando hacia Europa.
Las cifras reflejan esta paradoja. Marruecos cuenta con unos 38,4 millones de habitantes y su PIB alcanzó cerca de 182.000 millones de dólares en 2025, unos 4.670 dólares por habitante. La economía registró uno de sus mejores resultados de la última década, con un crecimiento próximo al 4,9% en 2025. Para 2026, el Banco Mundial prevé todavía un avance de alrededor del 4,2%.
Una potencia industrial en construcción
Tánger Med simboliza esta transformación. El complejo portuario gestionó 11,1 millones de contenedores en 2025, un 8,4% más, y alrededor de 161 millones de toneladas de mercancías, con un incremento del 13,3%.
El puerto se ha convertido además en una de las principales puertas de salida de la industria automovilística marroquí. Más de 454.000 vehículos producidos por Renault y Stellantis pasaron por sus instalaciones para su exportación durante 2025. Alrededor de Tánger Med están instaladas más de 1.500 empresas en sus diferentes zonas económicas.
El Reino invierte paralelamente en ferrocarriles, energías renovables, infraestructuras y equipamientos relacionados con el Mundial de 2030, organizado junto a España y Portugal.
El crecimiento no genera suficientes empleos
Detrás de estos resultados aparecen las fragilidades del modelo. Según el Banco Mundial, entre 2000 y 2024 la población marroquí en edad de trabajar creció casi 2,5 veces más rápido que el empleo. Durante la última década, esa población aumentó más de un 10%, frente a apenas un 1,5% del empleo.
La infrautilización de la fuerza laboral alcanza el 22,5%, mientras que la participación de las mujeres en el mercado de trabajo se mantiene cerca del 19%. El desempleo afecta especialmente a los jóvenes y las posibilidades de acceder a un empleo estable siguen siendo muy desiguales según el territorio y el nivel de formación.
El Banco Mundial calcula que reformas suficientemente ambiciosas podrían generar 1,7 millones de empleos adicionales hasta 2035 y 2,5 millones hasta 2050.
Ceuta como revelador: ¿por qué 72.000 personas quisieron marcharse?

La crisis de Ceuta convierte estas estadísticas en una realidad tangible. Alrededor de 72.000 personas cruzaron la frontera para entrar en la ciudad autónoma española, entre ellas numerosos jóvenes y menores. Una gran parte ha regresado posteriormente a Marruecos, pero la magnitud del movimiento deja una pregunta central: ¿por qué tantas personas quisieron alcanzar territorio europeo en apenas unos días?
La cifra no representa, evidentemente, la situación de los casi 40 millones de marroquíes. Sí evidencia, sin embargo, la distancia que puede existir entre la espectacular modernización del Reino y las perspectivas percibidas por una parte de su juventud.
En Ceuta, unos cientos de metros separan un país que invierte masivamente en industria e infraestructuras de un mercado europeo donde los salarios y las oportunidades profesionales siguen siendo muy superiores. Las 72.000 entradas no demuestran por sí solas un fracaso económico de Marruecos, pero constituyen un poderoso indicador de sus fragilidades sociales.
Mohamed VI, menos presente; su heredero gana protagonismo
Esta situación coincide con una evolución generacional perceptible en la cúspide del Estado. Las reiteradas ausencias de Mohamed VI y sus problemas de salud han alimentado las especulaciones, aunque no se ha anunciado ninguna abdicación ni proceso de transición.
El monarca continúa ejerciendo sus funciones y reapareció recientemente con motivo de la Fiesta del Trono. Al mismo tiempo, su hijo, el príncipe heredero Moulay El Hassan, de 23 años, ocupa progresivamente un mayor espacio institucional y aumenta su presencia en actos oficiales.
Más que una sucesión inmediata, esta evolución plantea la cuestión de la próxima generación del poder marroquí. Su desafío será tanto económico como político: continuar la modernización del Reino y conseguir que ese crecimiento se transforme en empleo y perspectivas suficientemente concretas para convencer a una parte de su juventud de que su futuro también puede construirse en Marruecos.

