La economía española mantiene su trayectoria como uno de los motores de crecimiento más dinámicos de la eurozona durante el segundo trimestre de 2026. Según el último informe de coyuntura de ESADE, las previsiones sitúan el avance del PIB nacional en un 2,3% para el conjunto del año, una cifra que contrasta con la moderación del conjunto de la eurozona, que proyecta un crecimiento medio del 1,1%. Este diferencial positivo subraya la resiliencia del tejido productivo y la fortaleza de la demanda interna frente al endurecimiento de las condiciones de financiación y la persistencia de los elevados tipos de interés en los mercados internacionales.
El dinamismo exportador y el auge del sector servicios, con Cataluña como uno de los principales contribuyentes, sostienen el pulso de la actividad económica regional. El informe destaca que la inversión industrial y la creación de empleo de alta cualificación actúan como amortiguadores frente al enfriamiento manufacturero detectado en otras economías europeas. La capacidad del territorio para atraer capital riesgo en sectores estratégicos, sumada a una inversión hotelera récord de más de 2.500 millones de euros en el primer semestre, consolida al arco mediterráneo como el eje financiero de mayor vitalidad en la península ibérica.
No obstante, el análisis de coyuntura identifica la inflación subyacente como el principal reto para la estabilidad del consumo. Con una previsión de cierre anual que se sitúa en el 3,1% en Cataluña, la erosión del poder adquisitivo sigue siendo una preocupación central para las familias y pymes. La mejora de la productividad mediante la digitalización y el control de los costes energéticos son las únicas vías para garantizar que este crecimiento macroeconómico se traduzca en una mejora real de la renta disponible. El horizonte hacia 2030 exige políticas fiscales equilibradas que blinden la competitividad industrial del territorio ante la volatilidad de los precios de las materias primas globales.

