El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha reafirmado hoy el calendario municipal para la eliminación total de licencias de pisos turísticos en la ciudad, fijando 2028 como horizonte definitivo. La medida, anunciada inicialmente el pasado otoño, convierte a Barcelona en la primera gran capital europea en prohibir de forma integral el alquiler turístico de corta estancia en viviendas residenciales.
El plan municipal responde a una doble presión: el malestar vecinal ante la masificación turística en barrios como la Barceloneta, el Born o Gràcia, y la necesidad de liberar vivienda para el mercado residencial en un contexto de precios de alquiler que han alcanzado máximos históricos. Según datos del consistorio, la retirada de las 10.000 licencias actuales podría devolver al mercado de alquiler convencional un parque equivalente al que se construye en dos años de promoción pública.
El mensaje estratégico de Collboni es claro: Barcelona apuesta por un modelo turístico basado en visitantes de alta capacidad de gasto que utilicen infraestructura hotelera regulada, frente al turismo masivo de bajo coste que ha saturado los servicios públicos y degradado la convivencia en el centro histórico. El Ayuntamiento calcula que la medida reducirá en un 15 por ciento la presión turística en los distritos más afectados.
Este giro obliga a los destinos cercanos dentro de la Eurorregión a reposicionarse. Ciudades como Girona, Perpignan o Tarragona podrían absorber parte de la demanda que busca alternativas al modelo barcelonés, pero solo si desarrollan una oferta de calidad que evite reproducir los mismos errores de masificación que ahora Barcelona intenta corregir.

