Los inquilinos se organizan ya en 73 bloques de Catalunya

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BARCELONA — La organización colectiva de inquilinos empieza a trasladarse de las asambleas generales a edificios completos. El Sindicat de Llogateres asegura que ya cuenta con 73 bloques «organizados» en Cataluña, 39 de ellos en Barcelona, dentro de una estrategia que busca negociar de forma conjunta con los propietarios ante conflictos por renovaciones de contratos, subidas de renta o cambios de propiedad.

El dato fue presentado este sábado durante una movilización frente al número 243 de la calle Mallorca, en el Eixample de Barcelona. En ese inmueble, varias familias se oponen a abandonar sus viviendas después de que la finca cambiara de propietario y algunos contratos no fueran renovados.

Según el propio sindicato, considera un bloque «organizado» cuando al menos dos personas del edificio están afiliadas y se ha celebrado una asamblea o se han iniciado negociaciones colectivas con la propiedad. Por tanto, los 73 inmuebles no representan necesariamente 73 conflictos idénticos ni permiten conocer por sí solos el número total de hogares afectados.

Barcelona concentra más de la mitad de los bloques

La capital catalana reúne 39 de los edificios contabilizados por la organización, seguida de Sabadell, con seis, y Cornellà de Llobregat, con cuatro. El resto se distribuye entre otros 19 municipios. La cifra muestra que la estrategia se extiende más allá del centro de Barcelona, aunque el Eixample continúa siendo uno de los principales focos.

En la calle Mallorca, la protesta se centró en la no renovación de contratos y en el riesgo de que viviendas de alquiler habitual sean reformadas y reposicionadas en segmentos de precios más elevados. El Sindicat vincula estos procesos con compras de edificios completos por inversores y reclama limitar las adquisiciones que considera especulativas.

La información disponible procede fundamentalmente de la propia organización de inquilinos. Para medir el alcance real del fenómeno todavía falta identificar cuántas viviendas y hogares suman los 73 edificios, qué propietarios están implicados, cuántas negociaciones permanecen abiertas y cuántas han terminado en acuerdos.

De la protesta individual a la negociación por edificio

El cambio de escala es relevante porque transforma la relación con la propiedad. En lugar de afrontar individualmente el final de un contrato, los residentes intentan coordinar demandas comunes para negociar renovaciones, condiciones económicas o permanencia en el inmueble.

Los datos disponibles sobre propiedad vertical en el Eixample muestran además un mercado en transformación. La Vanguardia señala que vecinos de la Dreta habían identificado 116 fincas adquiridas por fondos de inversión hace dos años y que ahora sitúan esa cifra alrededor de 141. En la Esquerra, los casos identificados habrían pasado de 44 a 90 en tres años. Son recuentos vecinales que requieren contraste con registros públicos.

Los 73 bloques constituyen así un indicador de movilización, no una estadística oficial del mercado del alquiler catalán. El siguiente paso será determinar cuántos hogares representan y qué resultados produce la negociación colectiva frente a los propietarios. Es ahí donde podrá medirse si esta forma de organización modifica realmente las renovaciones de contratos o simplemente refleja el aumento del conflicto residencial.

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