La crisis de acceso a la vivienda en la Eurorregión ha dejado de ser un problema social para convertirse en un riesgo estratégico para el talento. Barcelona, con una pérdida acumulada de 25.000 residentes jóvenes en los últimos cinco años, lidera la búsqueda de soluciones creativas ante el agotamiento de suelo virgen. El plan municipal para reconvertir locales comerciales desocupados en viviendas y agilizar las ‘remontas’ en edificios del Eixample es el primer paso de una estrategia que busca densificar el centro urbano sin comprometer la cohesión social.
Esta problemática resuena en toda la Eurorregión, desde Montpellier hasta Valencia, donde la presión turística y la inflación de costes financieros expulsan a la mano de obra cualificada. La respuesta exige un pacto eurorregional: es necesario blindar el mercado de alquiler asequible mediante incentivos fiscales y la colaboración público-privada. El éxito de estas medidas definirá la capacidad de ciudades como Barcelona para seguir siendo polos de atracción para el ecosistema tech mundial. Sin un suelo habitable, el motor económico de la Eurorregión corre el riesgo de asfixiarse por su propio éxito.

