BARCELONA — Cataluña ha vivido el mes de julio más cálido desde que existen registros homogéneos en 1950 y uno de los más secos de los últimos 75 años, según el balance publicado este viernes por el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat). El informe confirma un episodio climático excepcional marcado por temperaturas persistentemente elevadas, precipitaciones muy escasas y una sucesión de olas de calor que han incrementado el riesgo de incendios forestales en buena parte del territorio.
Temperaturas récord y un déficit de precipitaciones
Los datos de Meteocat muestran que las anomalías térmicas se extendieron a prácticamente toda Cataluña, con valores muy superiores a las medias climáticas del periodo de referencia. Las noches tropicales y, en algunos puntos del litoral, las noches tórridas se multiplicaron durante el mes, dificultando el descenso de la temperatura incluso durante la madrugada.
Al mismo tiempo, julio se situó entre los meses más secos desde mediados del siglo XX. La escasez de precipitaciones afectó especialmente al interior y a amplias zonas del litoral catalán, agravando el estrés hídrico de la vegetación en pleno verano.
Más presión sobre los incendios forestales
La combinación de calor extremo, baja humedad y ausencia de lluvias elevó de forma significativa el riesgo de incendios forestales. Aunque Cataluña no ha registrado este verano siniestros de la magnitud observada en otras regiones de España, los servicios de emergencia han mantenido un nivel elevado de vigilancia durante gran parte del mes debido a las condiciones meteorológicas.
Los expertos recuerdan que las altas temperaturas también tienen consecuencias sobre la salud pública, el consumo de agua, la agricultura y la demanda eléctrica, especialmente durante los episodios de calor prolongado.
Un verano marcado por los extremos climáticos
El balance de Meteocat confirma la tendencia observada en los últimos años hacia veranos cada vez más cálidos y episodios meteorológicos más extremos. El organismo considera que julio de 2026 constituye un nuevo indicador de la evolución del clima en Cataluña y de la necesidad de adaptar infraestructuras, gestión del agua y políticas de prevención frente a fenómenos cada vez más frecuentes.
Con la previsión de nuevas olas de calor durante el mes de agosto, las autoridades mantienen activados los dispositivos de vigilancia y prevención, mientras el riesgo de incendios forestales continúa siendo una de las principales preocupaciones en el conjunto del territorio catalán.

