BARCELONA — Ya no es solo una sucesión de olas de calor. En Barcelona, el verano de 2026 está cambiando de escala: desde el 1 de junio, 72 noches de 80 han sido más cálidas de lo normal según el Observatori Fabra. Un nivel de calor y, sobre todo, una persistencia raramente observados desde el inicio de los registros en 1914.
Un verano extremo. Entre el 1 de junio y el 19 de agosto, la temperatura mínima media registrada en el Observatori Fabra alcanza los 21,98 °C, frente a los 18,67 °C habituales. Es decir, 3,3 °C adicionales durante la noche.
Durante el día, la diferencia es aún más espectacular: +4,6 °C respecto a las normales climáticas. Y en medio de esta larga secuencia abrasadora, una fecha quedará en los archivos: el 8 de julio de 2026, el observatorio registró 40,9 °C, la temperatura más alta medida en Barcelona desde el inicio de su serie histórica, hace 113 años.
21 noches consecutivas sin bajar de los 25 °C
En la ciudad, la constatación es aún más llamativa. En la estación de Can Bruixa, en el barrio de Les Corts, ya se habían contabilizado 52 noches tórridas —con una temperatura mínima de al menos 25 °C— a 17 de agosto. El récord anterior ha sido superado.
Entre el 28 de julio y el 17 de agosto, Barcelona llegó incluso a encadenar 21 noches consecutivas sin bajar de los 25 °C. Diecisiete de las 52 noches tórridas superaron los 27 °C.
Estos datos proceden, entre otros, de la red del Servei Meteorològic de Catalunya y del Observatori Fabra, establecimiento científico de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona. Situado en las alturas de Collserola, observa diariamente el clima barcelonés desde 1914.
Y el elemento más significativo de estos registros se refiere a la acumulación de calor y la desaparición progresiva de las noches frescas.
Queda ahora por determinar cómo interpretar este verano de 2026: como una anomalía destinada a permanecer en las estadísticas, o como un anticipo de los veranos que esperan a Barcelona en las próximas décadas.

