Barcelona ensayará en 2027 su respuesta ante un episodio de 50 grados

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Ajuntament de Barcelona

BARCELONA – El Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha el proyecto estratégico «Barcelona a 50 °C: ensayar hoy para responder mejor mañana», una iniciativa destinada a preparar la ciudad ante futuros episodios de calor extremo.

El proyecto no parte de la previsión de que Barcelona alcance de forma inmediata los 50 grados. Utiliza esta temperatura como un escenario límite para comprobar la capacidad de respuesta de las infraestructuras, las administraciones y los principales operadores de servicios de la capital catalana.

La iniciativa analizará qué ocurriría si una ola de calor tensionara simultáneamente el suministro eléctrico, la red de agua, el transporte público, las telecomunicaciones, los hospitales, los servicios sociales y otros equipamientos esenciales. El objetivo es identificar vulnerabilidades, dependencias entre servicios y posibles fallos en cadena antes de que se produzca una emergencia real.

Dos simulacros durante 2027

El calendario comenzará en octubre de 2026 con talleres en los que participarán administraciones, empresas y entidades sociales. Esta primera fase permitirá localizar infraestructuras críticas, revisar los protocolos existentes y determinar qué mecanismos de coordinación deben reforzarse.

En febrero de 2027 se celebrará un primer simulacro de despacho, centrado en la toma de decisiones y la coordinación entre los diferentes actores. Un segundo ejercicio, previsto para septiembre de 2027, trasladará el escenario al terreno para evaluar la respuesta operativa de los servicios implicados.

Más de treinta entidades participan en el proyecto. Entre ellas figuran Aigües de Barcelona, Endesa, Naturgy, Red Eléctrica, TMB, Mercabarna, operadores de telecomunicaciones, centros hospitalarios, la Cruz Roja y organismos responsables de los servicios sociales y de emergencia.

El calor, un riesgo para la actividad económica

La preparación no afecta únicamente a la protección de la población. Un episodio extremo podría alterar la movilidad de trabajadores y mercancías, incrementar la demanda eléctrica, comprometer la cadena alimentaria y reducir la actividad en sectores expuestos como la construcción, la hostelería o la limpieza urbana.

Para las empresas, el proyecto introduce una cuestión cada vez más importante: la continuidad de la actividad durante las emergencias climáticas. La capacidad de mantener operativas las redes de energía, agua, transporte y telecomunicaciones será determinante para limitar el impacto económico de las futuras olas de calor.

Barcelona dispone este verano de más de 500 refugios climáticos. El Ayuntamiento calcula que el 99,2 % de la población tiene uno a menos de diez minutos a pie y el 76,8 % a menos de cinco minutos. El nuevo proyecto amplía esta estrategia al funcionamiento conjunto de toda la ciudad frente a un escenario crítico.

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