España se consolida como el gran motor de crecimiento de la Eurozona en 2026, con previsiones de avance del 2,4 % frente al estancamiento del 0,8 % de la media europea.
En el centro de esta resistencia financiera, Barcelona y su área metropolitana actúan como el principal polo de tracción. La capacidad de la capital catalana para atraer capital extranjero, diversificar su industria y liderar el comercio marítimo es determinante para sostener estos niveles de productividad nacional.
Para la Eurorregión, el desafío estratégico es traducir esta ventaja macroeconómica en infraestructuras tangibles y competitividad a largo plazo que refuercen definitivamente el eje mediterráneo.

