MADRID — Pedro Sánchez afronta las elecciones generales del 29 de noviembre con un discurso de confianza en la movilización progresista, pero también con indicadores que muestran las dificultades de su proyecto político. Los sondeos recogidos por Reuters sitúan al Partido Popular y Vox con una mayoría parlamentaria conjunta en sus estimaciones, mientras el presidente intenta convertir la crisis de la vivienda en el eje central de la campaña.
La contradicción quedó expuesta el 12 de octubre. Durante el desfile de la Fiesta Nacional, asistentes situados cerca de la tribuna recibieron a Sánchez con silbidos y abucheos, según Europa Press y EFE. Las agencias recuerdan que esas protestas ya se habían producido en años anteriores. El público de un desfile militar no representa al conjunto del electorado y sus reacciones no pueden extrapolarse a las urnas. Pero la escena ofrece a la oposición una imagen con la que reforzar su discurso sobre el desgaste del Gobierno.
La dificultad está en la aritmética parlamentaria
El principal desafío electoral no son los abucheos, sino las mayorías que dibujan las encuestas. Reuters informó el 9 de octubre de proyecciones que atribuían conjuntamente al PP y Vox entre 198 y 200 diputados, por encima de los 176 necesarios para la mayoría absoluta. Una de las encuestas citadas situaba al PP en el 31,9 % de los votos y al PSOE en el 28,1 %, con una estimación de 112 escaños socialistas, frente a los 121 obtenidos en 2023.
Son estimaciones sujetas a incertidumbre, no resultados anticipados. Su traducción en escaños depende de la participación, de la distribución provincial del voto y de la evolución de la campaña. No obstante, señalan un problema para el PSOE: movilizar a sus electores puede no ser suficiente si los partidos con los que aspira a pactar no reúnen los diputados necesarios para una investidura.
La fragmentación de las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas añade incertidumbre. Sánchez necesita defender su propio balance y, al mismo tiempo, mantener abierta la posibilidad de acuerdos parlamentarios que hoy no están garantizados.
La vivienda como terreno de confrontación
La convocatoria electoral anticipada llegó después de un bloqueo parlamentario sobre medidas de vivienda. Sánchez ha optado por presentar el 29-N como una oportunidad para desbloquear políticas que no consiguieron los apoyos necesarios en el Congreso. El presidente sostiene que existe una movilización progresista que los sondeos no reflejan plenamente y cuestiona las lecturas que dan por cerrado el resultado.
La vivienda constituye una preocupación social de primer orden, pero también expone al Ejecutivo a preguntas sobre los resultados de sus políticas. La oposición cuestiona la gestión gubernamental, mientras otras fuerzas de izquierda reclaman actuaciones adicionales contra el encarecimiento de los alquileres y la escasez de oferta asequible. Para convertir ese debate en respaldo electoral, el PSOE deberá explicar qué medidas pretende impulsar y con qué mayoría parlamentaria.
El PP convierte el rechazo al presidente en argumento electoral
El Partido Popular sitúa la figura de Sánchez en el centro de su campaña y trata de movilizar a los votantes críticos con su gestión. Los abucheos del desfile han alimentado ese discurso, aunque no demuestran por sí solos cómo votarán los ciudadanos. Feijóo afronta además la competencia de Vox dentro del electorado de derechas y la cuestión de los posibles acuerdos de gobierno.
Por su parte, los socialistas apelan a la movilización frente a una eventual alianza entre PP y Vox. La eficacia de esa estrategia dependerá de la participación y del reparto de escaños, no únicamente del clima político que reflejan los actos públicos.
Una campaña entre el balance y la movilización
Sánchez ha disputado anteriormente campañas en contextos adversos, pero la experiencia de 2023 no permite anticipar lo que ocurrirá el 29 de noviembre. El adelanto electoral llega después de dificultades parlamentarias, con la vivienda como asunto central y con estimaciones demoscópicas que obligan a examinar tanto el voto socialista como el de sus potenciales aliados.
Las próximas semanas pondrán a prueba el peso relativo del balance gubernamental, las propuestas de cada partido y la movilización de sus electorados. El resultado no determinará solo cuántos escaños obtiene el PSOE, sino qué combinaciones parlamentarias serán posibles para elegir al próximo presidente del Gobierno.

