BARCELONA — Los inversores están reforzando sus posiciones contra el euro en un momento en que la moneda única acumula presión por dos frentes simultáneos: el deterioro de la percepción sobre las finanzas públicas francesas y un nuevo shock energético que vuelve a elevar el coste de las importaciones europeas. Según los datos de mercado recogidos este miércoles por Euronews, las apuestas bajistas sobre el euro han alcanzado niveles récord.
El movimiento no se limita al mercado de derivados. Reuters constató esta semana que el euro llegó a caer hasta 1,1161 dólares, su nivel más bajo desde mayo de 2025, después de cuatro semanas consecutivas de retrocesos. La divisa también perdió terreno frente al franco suizo y la libra, una señal de que la presión no procede únicamente de la fortaleza del dólar.
Francia se convierte en el principal foco de tensión
El epicentro europeo está en Francia. La subida del coste de financiación del Estado francés y las dudas sobre la capacidad política para estabilizar las cuentas públicas han llevado a los inversores a reducir exposición a la deuda francesa y buscar refugio en los bonos alemanes.
El diferencial entre el bono francés y el Bund alemán a diez años llegó a acercarse a 160 puntos básicos al final de la semana pasada, según Reuters, frente a unos 150 puntos básicos pocos días antes. Es una distancia que devuelve esta referencia de riesgo a niveles no observados desde la crisis de deuda de la zona euro de 2010-2012.
La presión se refleja también en el rendimiento de la deuda francesa. El bono a diez años ha superado el 5%, un máximo de 24 años, mientras el mercado cuestiona el margen presupuestario de París. El problema para el euro es que Francia es la segunda economía de la zona monetaria: una tensión prolongada sobre su deuda puede dejar de ser percibida como un riesgo exclusivamente nacional.
El petróleo añade presión a una Europa importadora de energía
Al frente fiscal se suma la energía. El Brent se situaba este miércoles alrededor de los 101-102 dólares por barril, según datos de mercado recogidos por Reuters, en un contexto todavía condicionado por las tensiones de suministro en Oriente Próximo. Un petróleo más caro tiende a deteriorar los términos de intercambio de la zona euro, gran importadora de energía, y puede ejercer presión adicional sobre la divisa.
La Comisión Europea calcula que los gobiernos de la UE han destinado ya 17.900 millones de euros en 2026 a amortiguar el impacto del encarecimiento del petróleo y del gas sobre hogares y empresas. El shock energético complica además el trabajo del Banco Central Europeo: encarece la energía y mantiene riesgos inflacionistas al mismo tiempo que la subida de los rendimientos soberanos endurece las condiciones financieras y pesa sobre el crecimiento.
El miembro del BCE Olli Rehn señaló esta semana que el encarecimiento energético todavía no se ha trasladado de forma significativa al resto de bienes y servicios, pero también destacó que los elevados tipos de interés a largo plazo están frenando la actividad y limitando ese traslado a la inflación general.
Una posición de mercado, no una predicción
El aumento de las apuestas bajistas refleja el cambio de percepción de los operadores, pero no determina por sí mismo la trayectoria futura del euro. Este miércoles la moneda mostraba cierta estabilización después de una relajación de los rendimientos franceses, mientras los mercados seguían pendientes tanto de la evolución presupuestaria de París como del petróleo y de las próximas decisiones del BCE.
La combinación es especialmente sensible para la zona euro: una moneda más débil encarece las importaciones energéticas denominadas en dólares, mientras unos tipos soberanos más elevados aumentan simultáneamente el coste de financiación de gobiernos, empresas y hogares. Es esa doble presión —fiscal y energética— la que ha devuelto al euro al centro de las operaciones defensivas de los mercados internacionales.

